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“El coronavirus nos hará cambiar, será un antes y un después”

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Albert Llovera está viviendo un año de emociones muy diferentes. Regresó al rally Dakar por sexta vez, tras dos años sin participar, y cuando iba a comenzar el Mundial de Rally Cross el coronavirus se encargó de frenar en seco un curso ilusionante.

Desde su casa en Andorra, Albert (Andorra, 1966) vive un confinamiento que solo rompe para acudir un par de horas al día con su silla de ruedas a su ortopedia. Es parapléjico desde 1985, cuando sufrió un accidente mientras esquiaba, solo un año después de competir en los Juegos Olímpicos de invierno de Sarajevo.

Sin rendirse, su espíritu de lucha y superación le llevaron a seguir vinculado al deporte hasta el punto de convertirse con el tiempo en el único piloto del mundo con una discapacidad física que, conduciendo única y exclusivamente con las manos, ha subido al podio junto a pilotos sin ningún tipo de discapacidad, ganando cuatro campeonatos y siendo cinco veces subcampeón.

“Estoy orgulloso de todo lo que hecho. Hay que valorarlo ahora que hay tiempo para la reflexión”, confiesa Albert, que aprovecha los días para trabajar en su ortopedia y también para “ordenar cosas que tenía atrasadas”.

“Abrimos por la mañana la ortopedia por las urgencias. En Andorra la gente ha reaccionado muy bien a esta situación. Está casi todo cerrado y el tema está bastante controlado. El gobierno andorrano se lo ha trabajado muy bien”, comenta el piloto, que reconoce que este cerrojazo está afectando a su negocio.

Trabajo particular

“Si la gente no puede salir de casa no compra y si no hace actividades al aire libre no se rompe. Como no se caiga el camión de la bombilla no vendo nada”, bromea.

Pese al confinamiento, Albert Llovera está “todo el día ocupado”. Aparte de la ortopedia estudia inglés, soluciona temas que tenía pendientes, diseña el nuevo dossier de patrocinadores y entrena.

La mitad de los entrenamientos los hace en casa con una bici con rodillo. Antes lo hacía dos o tres veces a la semana y ahora todos los días. Además hace trabajo de gomas, se pone de pie en cintas y juega al tenis de mesa, aunque lo hace contra una pared.

Una vida mucho más tranquila que la que he llevado los últimos tiempos con unos 200 días al año fuera de casa. “El que va a las reuniones, entrega los informes y hace las entrevistas soy yo. Soy mánager y secretario, a la vez”.

La pandemia de coronavirus ha provocado que los planes deportivos que tenía se cancelasen casi de la noche a la mañana. “Lo primero que he perdido son todos los contratos con mis patrocinadores. Los tenía que negociar la semana antes y cerraron justo unos días antes”.

Iba a empezar el Mundial de Rally Cross. Primero con el Gran Premio de España en Montmeló y después en Montenegro. “Ni lo uno ni lo otro. Se ha cancelado todo. Ahora no sé lo que voy a hacer”, explicó el piloto español.

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