
Los Mundiales más tardíos de la historia, en el moderno Khalifa Stadium erigido sobre el desierto de Doha, convocan a la batalla por el liderazgo del atletismo mundial, vacante desde que el velocista jamaicano Usain Bolt, cuya gigantesca figura ha marcado el último decenio.
Los campeonatos recalan en Qatar precedidos de una intensa polémica sobre las condiciones ambientales en que se desarrollarán las pruebas fuera del estadio (maratón y marcha) y el peligro que para la salud de los atletas representa la combinación de temperaturas en torno a los 33 grados y una humedad superior al 60%.
El certamen estará tocado por la nostalgia de Bolt, dos años después de que, el 12 de agosto de 2017, en Londres, una lesión precipitara un doloroso adiós. Desde entonces, nadie ha sido capaz de ocupar tan enorme vacío.
Favorito con susto
Todavía con el susto en el cuerpo tras escapar, por un tecnicismo legal, a una sanción de dos años por no justificar tres faltas a controles de dopaje por sorpresa, el estadounidense Christian Coleman, el hombre más veloz del mundo los dos últimos años y líder del año en 100 metros (9.81), está llamado a erigirse en nuevo rey del sprint, con permiso de Gatlin y del joven nigeriano Divine Oduduru, segundo del ránking con un registro de 9.86.
El el doble hectómetro, el estadounidense Noah Lyles encabeza el ránking del año con 19.50 y cualquier resultado que no sea su triunfo será considerado una gran sorpresa.
El estrellato femenino también está en juego y se dirimirá, principalmente, en un duelo espectacular sobre el foso de triple. La venezolana Yulimar Rojas, defensora del título, se enfrenta a la mejor atleta mundial de 2018, la colombiana Caterine Ibargüen, vigente campeona olímpica, en presencia de la titular europea bajo techo, la coruñesa Ana Peleteiro, y de la jamaicana Shanieka Ricketts, que llega con la segunda mejor marca entre las 29 contendientes (14.93).
Rojas, que el pasado 6 de septiembre se encaramó al segundo lugar del ránking de todos los tiempos con un vuelo de 15.41 metros, ha ganado este año seis de sus ocho competiciones al aire libre, pero ha perdido frente a Ibargüen y contra Ricketts.
La lista de ausencias ilustres lo encabeza la androgénica sudafricana Caster Semenya, que ha preferido renunciar a la defensa de su corona de 800 antes que someterse a medicación para reducir a 5 nanomolos por litro de sangre que exigen las nuevas normas de la IAAF si quiere competir en categoría femenina en carreras que van desde los 400 metros hasta la milla. Tampoco estará el mejor corredor de maratón de la historia, el keniano Eliud Kipchoge (plusmarquista mundial con 2h 01:39), que sólo una semana después de estos campeonatos, realizará, en Viena, su segundo asalto al muro de las dos horas en el proyecto Ineos.
Doha 2019 será, en todo caso, un Mundial atípico, engendrado entre sospechas de corrupción en el entorno del anterior presidente de la IAAF, el senegalés Lamine Diack; amenazado por la bandera negra –código que aconseja la suspensión de una prueba por calor excesivo– y en un año preolímpico en el que, como es tradicional, algunos atletas prefieren tomárselo con mucha calma.






















