
El dramático cierre de curso de Álex Bergantiños —con la acción en la que la bota de Marc Pedraza impactó en su cara y le provocó una rotura del labio que necesitó 70 puntos para ser reparada— marcó la temporada del capitán blanquiazul, que volvió a ser un ejemplo de profesionalidad y de amor a un escudo.
A pesar de que el club le había cedido al Sporting el curso anterior, el futbolista de La Sagrada quiso regresar para intentar ayudar al Depor a subir a Primera y se convirtió en un pilar en la medular.
Ni Pedro Mosquera ni Didier Moreno ni Vicente Gómez... nadie consiguió arrebatarle el puesto a un jugador clave en labores de contención.











