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Luis Mario Milla, dos veces letal para el Dépor

26/04/2026

El andaluz Luis Mario Milla es un excolegiado de Segunda División que ahora se gana un sueldo al frente del VAR. Si en el mundo del fútbol hubiese un mínimo de sentido común, los de este sábado en El Plantío han de ser los últimos euros que ingrese por ese concepto. No es que haya que meterlo en la nevera: se ha ganado una cadena perpetua en el Polo Norte de los árbitros.

Los hechos son claros para todos, excepto para él y el árbitro que se dejó confundir por su pésimo criterio, un tal Andrés Fuentes. Un jugador del Burgos, Sergio González, se desplomó en el área deportivista como si hubiese sido alcanzado por un rayo. A los ojos de cualquier observador objetivo, las imágenes televisivas desnudaron al intérprete: mostraron una pugna con el blanquiazul Quagliata de lo más común, como hay cientos entre defensas y delanteros durante todos los partidos. Pero la sobreactuación a lo Jack Nicholson en ‘El resplandor’ de Sergio González tuvo el Oscar que buscaba: penalti. Porque, sentado en la sala VAR, Luis Mario Milla vio gigantes donde solo había molinos (y procede esta mención a la Mancha por algo que contaremos después), apreció un manotazo en el cuello del atacante donde solo había movimiento natural. Andrés Fuentes, que seguía de cerca la jugada y con muy buen criterio no había señalado la pena máxima, fue convocado a la pantalla por el ingenioso Luis Mario Milla. Fruto de un delirio inexplicable, el trencilla titular también pasó a ver pena máxima. Solo alguien que no ha jugado al fútbol ni en el patio del colegio puede tomar una decisión así. En definitiva: penalti para el Burgos, que, transformado en gol, supuso el empate (1-1) con el que acabó el partido.

Siendo honrados, y no como otros de cuyo nombre y apellidos no me quiero acordar, la igualada final fue un resultado justo, pero en el fútbol ya sabemos que no existe la justicia, y prueba reciente de ello es que ahí está el Getafe de Bordalás, sexto en la tabla de Primera tras haber ganado en Anoeta sin tirar a puerta. El caso es que el conjunto coruñés se dejó dos puntos por culpa de la ensoñación compartida (me río yo de aquella de Resines) de Luis Mario Milla y de Andrés Fuentes. Ambos figuran ya con letras de oro en la leyenda negra del deportivismo, junto a colegiados de muy infeliz recuerdo como Díaz Vega, aquel que se inventó un penalti a Alvelo en Riazor contra el Celta, o Villena Peña, quien castigó como pena máxima una inexistente mano de Sánchez Candil en el Tartiere frente al Oviedo. Aquellas decisiones privaron al Deportivo de sendos ascensos a Primera, como puede hacerlo (lo sabremos en cinco partidos) la del tándem Fuentes-Milla.

No sabemos si Luis Mario Milla tuvo una novia coruñesa que lo dejó, o vino de turismo a A Coruña y le sentaron mal unas almejas, pero queda claro que siente animadversión por lo blanquiazul. Porque no es la primera que perjudica de forma grave al Deportivo, y curiosamente en la anterior también estaba Ramis en el banquillo rival y medió el VAR. Ocurrió en un Deportivo-Albacete de la cuarta jornada de la temporada 2019-20. Aquel día, el equipo dirigido por Anquela no mereció perder. Pero lo hizo a última hora (0-1) porque el VAR llamó al colegiado a la pantalla y este decidió que el deportivista David Simón había golpeado intencionadamente el balón con la mano en su propia área. Ese árbitro era Luis Mario Milla y vio gigantes donde había molinos, lo que es muy propio ante un conjunto manchego. Penalti, gol y derrota coruñesa. Dado que solo era la cuarta jornada, reconocemos que suena exagerado culpar a Luis Mario Milla del descenso deportivista a Segunda B a final de aquella temporada, pero lo cierto es que el Dépor acabó bajando con 51 puntos, solo uno menos que el Albacete (que, por cierto, se salvó ganando en Cádiz en el penúltimo minuto de la última jornada gracias a un penalti inexistente).

Repasando los (no) penaltis cometidos por Quagliata y David Simón, concluimos que Luis Mario Milla es partidario de que los jugadores, al menos los que visten de blanquiazul, jueguen al fútbol sin una parte de su anatomía: sus brazos. Pero eso no puede ser y de ahí que él acabe metiendo la pata.