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Manuel Pablo, siempre en mi equipo

Hay ciertos momentos que forman parte del imaginario colectivo de cada generación. Se trata de esos instantes que, pasados los años, cualquier persona recuerda con nitidez y puede asegurar sin equivocarse dónde y con quien estaba. Algunos de esos momentos tiene que ver con el fútbol. Normalmente, pueden ser la final de un Mundial o algún encuentro con un título en juego. Pero esas situaciones no suelen producirse en la quinta jornada del campeonato liguero.

Sin embargo, en el Dépor hay un precedente. Fue en la campaña 2001-02, en un derbi contra el Celta disputado hace un cuarto de siglo y que pasó a la historia por la escalofriante lesión sufrida por Manuel Pablo. A casi ningún aficionado del fútbol en España que supere la treintena se le ha olvidado. Entre los del Dépor, absolutamente a ninguno.

Una fractura de tibia y peroné es una lesión que, por fortuna, no se produce todos los días en el mundo del fútbol, pero es relativamente habitual que suceda de cuando en cuando. Sin embargo, lo que de habitual no tiene nada es ver en primer plano una imagen como la de la pierna del canario totalmente destrozada tras un choque fortuito con Giovanella. Además, impactó especialmente porque truncaba la carrera de un futbolista joven, considerado en aquel momento el mejor del mundo en su puesto y que tenía, salvo catástrofe, el billete asegurado para el Mundial de Japón y Corea. Por desgracia, se cumplió esa catastrófica excepción.

Manuel Pablo se recuperó de su lesión para forjar después una larga y próspera carrera futbolística en el Dépor, del que fue capitán durante muchos años. Pero nunca jugó un Mundial ni volvió a ser el mismo. Jugó tantos años que la generación de deportivistas posterior a la mía también le vio sobre el césped ocupando la banda derecha de Riazor. Sin embargo, ellos nunca vieron al futbolista estratosférico que los que contábamos con algún año más sí tuvimos oportunidad de disfrutar. Cuando alguno de ellos le criticaba desde la grada en alguno de sus partidos flojos (que tampoco fueron tantos), uno solo podía compadecerse y pensar que la ignorancia es muy atrevida.

Esta semana, se cumplían 25 años de aquella lesión. Y este diario dedicó cuatro de sus páginas a recordarlo. Que un periódico destine tanto espacio a una efeméride tampoco es habitual. Pero estoy seguro de que a ningún lector le parecieron demasiadas.