Oporto, Grecia y el año del otro fútbol
En una era en la que los equipos más estéticos –por decirlo de alguna manera que ni ofenda ni alabe, que todas las vías lícitas son igual de válidas para llegar a la victoria– se reservan toda la gloria, resulta que el Oporto vuelve a jugar en Riazor. Y no, claro que no vuelven Costinha, Pedro Mendes, Ricardo Carvalho y Jorge Costa. Pero es inevitable echar la vista atrás, ya no solo por un equipo que despertó de su sueño a varias generaciones de coruñeses, si no porque aquel 2004 fue el año en que triunfó la antítesis del fútbol que conquista todos los trofeos en la actualidad. Aquel 2004 fue el año en que el Oporto de Jose Mourinho y la Grecia del alemán Otto Rehhagel conquistaron Europa.
El Oporto de Mou, que ya había ganado una Copa de la UEFA, era un conjunto rocoso, muy físico y con mucha velocidad arriba. Su faro era Deco, que además de ver el fútbol como pocos, rascaba de lo lindo. Un centrocampista total que se apoyaba en un box-to-box en estado de gracia, Maniche, y en un triángulo defensivo al que daba pavor mirar a los ojos: los centrales Jorge Costa (q.e.p.d.) y Ricardo Carvalho y el pivote Costinha. Arriba, las soluciones las ponían la velocidad de Derlei y Carlos Alberto y la explosividad del excéltico Benni McCarthy.
Más allá de Deco y Carvalho, pocos fueron los componentes de aquella plantilla que levantó una Champions que parecía destinada a volar a A Coruña que mantuvieron su brillantez tras cerrar su periplo en O Dragao. Algo similar sucedió con la selección griega, la más inesperada campeona de la Eurocopa, incluso por encima de la Dinamarca que se plantó en el verano de 1992 en Suecia en bañador y gafas de sol y sin Michael Laudrup.
Con una derrota, un empate y un triunfo, los goles marcados le dieron el pase a cuartos en detrimento de España, con el mismo golaveraje. En los cruces no encajó y venció los tres partidos con otros tantos testarazos, dos de ellos en saques de esquina. Y el definitivo, como el de cuartos ante Francia, obra de Charisteas. Cosas del fútbol, en la postal del culmen del deporte griego, Carvalho y Costinha se inclinan ante el ariete heleno, mientras Jorge Andrade aparece al fondo, marcando a Dellas, autor del tanto que tumbó a la Chequia de Nedved y Baros en semifinales.
A Charisteas y Dellas, igual que a Zagorakis, Basinas, Seitaridis, Katsouranis o Giannakopoulos, y como a Maniche, Derlei, Costinha o Nuno Valente, después se les apagó el fulgor. Porque el año del otro fútbol solo fue uno, aquel 2004.
