La pasión italiana
Italia es pasión. En cualquier ámbito. Da igual el deporte que la religión. La familia que el trabajo. El fútbol que el ciclismo. La política que la fiesta. La comida que la bebida. Como los excesos me superan desde tiempos inmemoriales, quizá no fue hasta hace algo menos de dos años que me decidí –porque también me empujaron a ello y organizaron todo a la perfección– a visitar el país. Fue un viaje maravilloso. Ocho días en Roma, Florencia, Pisa y Nápoles. Coliseo, Foro Romano, Piazza del Popolo, Piazza Navona, Fontana de Trevi, Basílica de San Pedro y, por supuesto la cuota deportiva, el singular y precioso Stadio dei Marmi. Ponte Vecchio, mirador del Piazzale Michelangelo, Palazzo Pitti y, como no, el deporte, con una visita al Artemio Franchi para ver la Torre de Maratona y un Fiorentina-Roma en el que, por cierto, Ivan Juric mandó a la ducha a Angeliño a la media hora con 2-0 en contra. La Torre de Pisa y la Piazza del Duomo. Quartieri Spagnoli y el mural de Maradona –el deporte, claro– y, sobre todo, las ruinas de Pompeya.
El Dépor parece que también lo ha organizado todo perfectamente, como lo hizo mi mujer. El primer equipo blanquiazul se instalará durante casi una semana en Coverciano, que está mucho más cerca de Florencia de lo que esperaba. Si lo llego a saber, en aquel maravilloso viaje también habría intentando acercarme a su museo del Calcio. Coverciano fue una idea innovadora. Parece ciencia ficción que hace casi 70 años a unos directivos se les ocurriese levantar una ciudad deportiva para una selección nacional. Hablamos de 1958. El Mundial del adolescente Pelé y la Copa de Europa no tiene más que tres temporadas a sus espaldas.
Y eso es porque Italia respira fútbol. No está en su mejor momento la selección, aunque hace cinco años ganó la Eurocopa. Los tres Mundiales consecutivos sin clasificarse son una losa. También la crisis económica y las desapariciones de Berlusconi y Agnelli. Pero sus principales clubes son instituciones. Juventus, Milan, Inter, Nápoles o Roma infunden respeto allá donde van y siguen dominando el campeonato doméstico. También otros gigantes de menor tamaño, como la Fiorentina o el Genoa, a los que el Dépor se medirá esta semana. Dos equipos que a los que peinamos canas nos recuerdan a Antognoni, Roberto Baggio, Dunga, Mazinho, Effenberg, Rui Costa y Batistuta. A Skuhravy, Branco, Aguilera, Eranio y Panucci. Dos equipos que, como el Deportivo, son históricamente de Primera.

