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Ilusiones y sueños, no solo olímpicos

De ilusión y de sueños no se vive, pero ambas cosas ayudan a vivir mejor. O, como poco, más satisfecho con uno mismo. Y ya si quienes rodean a uno comparten esa forma de ver la vida, pues nada puede salir mal. Que A Coruña pueda albergar un día unos Juegos Olímpicos va más allá de la ilusión y del sueño. Es una utopía. Aunque como ciudad próspera y moderna de un país desarrollado bien pudiera hacerlo. Claro que en la cola de las posibles candidaturas españolas, ya solo por tamaño, existen al menos una decena de urbes por delante de la nuestra. A lo largo de más de un siglo y cuarto de historia olímpica moderna, solo Barcelona, Madrid y Sevilla han conseguido formalizar sus aspiraciones a albergar el magno evento.

¿Qué haría falta en la ciudad? Pues prácticamente lo mismo que a muchas ciudad que ya han sido olímpicas: una villa olímpica, un estadio olímpico, una gran piscina cubierta, un velódromo y un canal de remo y piragüismo, entre algunas otras cosas. Lo cierto es que el asunto ha cambiado en las últimas ediciones, en las que el COI ha escapado del gigantismo y ha elegido algunas de las opciones más austeras. La opción de tener la mayor parte de las instalaciones deportivas construidas, caso de París en 2024 y de Los Ángeles en 2028, ha seducido al movimiento olímpico en los últimos años, después de los desmanes de Atlanta 96, Atenas 2004 o Río 2016.

Si A Coruña podría hacerlo, al igual que otras muchas localidades de mediano y pequeño tamaño, es porque entre sus habitantes se puede encontrar a miles de personas como Yeila Saavedra, la alumna de la Escuela Pablo Picasso que ha imaginado, ideado y dibujado una identidad corporativa de unos hipotéticos Juegos Olímpicos en A Coruña en 2028. Su trabajo es ilusión y sueño, como el de otros muchos conciudadanos que han aportado su granito de arena y siguen haciéndolo para dar forma a una comunidad, pese a sus imperfecciones como todo hijo de vecino, bella, pulcra y exitosa.

Todas las grandes historias de la humanidad comenzaron como un sueño, como una ilusión. Con total seguridad, A Coruña nunca albergará unos Juegos Olímpicos. Cuando menos, mis ojos y los suyos jamás lo verán. Quién sabe dentro de 80 o de 150 años. Pero mientras siga habiendo coruñeses que sueñan y se ilusionan con ello, la sociedad herculina podrá seguir sonriendo satisfecha por lo que sigue generando.