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Por ahí no, FIFA. Con el Mundial no. No llevamos ni una semana de competición y ya hay más críticas al torneo (justificadas) que buenos partidos disputados. Para mí, la peor de todas las atrocidades que se están cometiendo es la de las pausas de ‘hidratación’, o más bien de recaudación. Porque ya se ha visto en más de un partido que muchos jugadores ni siquiera aprovechan para beber, ya que las temperaturas no están siendo tan elevadas.

La demostración principal de que el principal objetivo de estas pausas no es que los jugadores se hidraten es que en alguna que otra retransmisión estadounidense ya se ha escuchado un “final del primer cuarto”. Y por ahí no paso. Soy un gran fan del baloncesto, pero precisamente los cuartos no son algo que intentaría trasladar al fútbol.

“El fútbol está siendo secuestrado por ejecutivos atrincherados en oficinas con aire acondicionado. Las pausas para la hidratación se presentaron como un escudo para proteger el bienestar de los jugadores, una causa noble frente al calor. Pero no son más que una jaula dorada construida para los patrocinadores”, dijo un tal Jurgen Klopp en las últimas horas. Una afirmación con la que no puedo estar más de acuerdo.

El fútbol siempre ha sido, es y será de los aficionados, pero poco a poco se les ha ido robando pedazo a pedazo en favor de los poderosos. El dinero rige el mundo y el fútbol no está pudiendo, o en ocasiones queriendo, salir de sus garras. Estas pausas de recaudación son solo el último ejemplo de muchos que se han podido ver en los años recientes, pero quizás uno de los más sangrantes por el nivel de exposición que supone un Mundial.

Ayer, Alemania y Curazao estaban listas para jugar tras un minuto y medio de pausa, pero el árbitro no pudo reanudar el juego porque no tenía en ‘ok’ por parte de las televisiones de que hubieran acabado el parón comercial. No llevamos ni una semana y esto ya ha sucedido en más de una ocasión. 

Además, ya no solo es eso, sino que detiene el ritmo del partido, corta dinámicas y permite a los entrenadores corregir cosas a un nivel que en el fútbol nunca se ha visto (y que también pasó en el Alemania-Curazao, coincidiendo con el mejor momento de los caribeños sobre el verde).

Esto no es baloncesto o balonmano, aquí no hay tiempos muertos. La esencia del fútbol es eso, ese dinamismo, ese factor impredecible y esa gestión emocional durante un mínimo de 45 minutos seguidos. Un compañero me dijo ayer, con toda la razón: “en este Mundial, el 7-1 de Alemania a Brasil no se hubiera dado por esas pausas”.