Garantía de orgullo
No tenemos ni idea de hockey sobre patines. Es una broma, completamente cierta por mi parte y obviamente no por lo suya, que tengo con algunos de los entrenadores a los que el año pasado consulté para escribir un reportaje sobre las opciones del Liceo en la final del playoff contra el Barça y que, como yo, creían que los verdiblancos estaban ante su gran oportunidad porque era el conjunto azulgrana más ganable de los últimos tiempos. Resulta que después Ignacio Alabart se puso en modo destroyer y el Barça levantó el título claramente en tres partidos. Aún hoy nos vemos y lo decimos: “No tenemos ni idea de hockey”. Así que esta vez, contra el Igualada, me cuesta más aventurarme a hacer hipótesis de lo que va a pasar en la final más allá de que se espera una batalla física que puede marcar época. Ni siquiera podía decidir entre el Barça y el Igualada mientras el equipo coruñés esperaba rival para la lucha que empieza esta tarde en el Palacio de Riazor. Es hoy, es hoy, ¡es hoy!
Repito que no tengo ni idea de hockey, un deporte al que llegué de casualidad hace quince años, cuando empecé a trabajar en una redacción y a una compañera le dieron a elegir entre Básquet Coruña y Liceo. Lo que dejara, me tocaba a mí, la becaria. Crucé los dedos para que eligiera hockey porque como lucense de adopción la pelota naranja es como el undécimo mandamiento. Pero no. Me tocó ir aprendiendo sobre la marcha. Al principio tuve un improvisado maestro en las gradas de Cerceda en las que me sentaba al lado de un señor de bigote blanco que me lo iba explicando pacientemente todo y que después supe que era el gran José Luis Huelves. Muchas horas de vuelo en pistas de todo tipo y de todas las categorías. Largas conversaciones con Juan Copa... Internamente aún le doy las gracias a aquella compañera y amiga. Porque hoy no concibo mi vida sin el hockey.
"Cuando vas al Palacio sabes que no te vas a aburrir y que, sea cual sea el resultado, vas a salir con el pecho inundado de orgullo. El Liceo nunca falla"
Pero sigo sin tener ni idea. A mí lo que me atrae es la intensidad, el ir con todo a por cada bola, chocar contra la valla como animales, correr de un lado para otra de la pista sin descanso, los cañonazos que conectan los jugadores con los sticks y que a la vez puedan ser tan delicados con ellos para componer obras de arte... Hay que verlo en directo para entenderlo. Y el Liceo es el mejor exponente. Es lo que engancha. Que sabes que no te vas a aburrir y que vas a salir con el pecho inundado de orgullo. Garantía. Nunca falla, sea cual sea el resultado, porque perder no es la derrota, es no intentarlo y esforzarse al máximo por conseguirlo. “Ganamos cada entrenamiento. Competimos cada partido”, que es el lema escrito en el vestuario. Y, tengo que decirlo, es un espíritu que veo reflejado en un Igualada peleón como pocos. Qué espectáculo espera. ¡Es hoy!

