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El peculiar Secho Martínez

José Manuel Martínez Paz (Porto do Son, 1977) se transforma en Secho cada vez que pisa un terreno de juego y es, a mi entender, uno de los entrenadores más peculiares del panorama del fútbol gallego. Siempre discutido, víctima de la dimensión de los clubes que dirige en una categoría como Tercera RFEF, está a 180 minutos de lograr con el Compostela su segundo ascenso. Con renglones torcidos, muchos más que su Bergantiños de la 2023-24 que tampoco enamoraba, pero a una eliminatoria frente al Badalona de cumplir con el cometido: sacar a un clásico de la quinta categoría del fútbol nacional.

Resulta complicado ofrecer una visión justa sobre él. Cualquier análisis sobre su figura, sea desde el plano que sea, me genera sentimientos encontrados. Ya simplemente desde su relación con la prensa, donde parece una persona cordial, pero da cierta sensación de incomodidad. Recuerdo cuando, al inicio del curso 23-24, le pedí la típica porra de campeón, equipos que estarán en el playoff, revelación, etc. y, al contrario que el resto de técnicos, declinó la propuesta. Lo entiendo, es difícil cargar con la presión de ponerse a uno mismo como favorito y, de no hacerlo, nadie lo habría entendido en As Eiroas.

También me llama la atención que los que lo conocen desde hace tiempo hablen de él como un entrenador que defendía con vehemencia un modelo orientado a la posesión del balón. La esencia sigue estando ahí, pero tanto en el discurso como en los hechos se muestra ahora mucho más pragmático.

Creo que por plantilla el Compostela tendría que haber sido campeón de Liga. También que los once puntos de ventaja sobre el Arosa no se pueden desaprovechar jamás. En esta eliminatoria contra el Arteixo he visto a jugadores como Diego Uzal, Guisande, Armental, Parapar o incluso el revulsivo Charly muy por encima del nivel medio de la categoría. Han hecho muchas cosas mal, pero si acaban ascendiendo, le daré crédito a Secho.

Quizá ‘evitar’ el favoritismo durante el curso o hablar sin tapujos de que si hay prórroga tendrán que picar piedra, sitúe al equipo en una igualdad que no debería ser tal. Pero su pecado —el excesivo respeto— es al mismo tiempo su virtud. En los 13 minutos que el Arteixo mandó en la eliminatoria, ya dentro de la última media hora, en la grada se escuchaba algún “¡vaya fracaso, Secho!” o “¿ahora qué decimos Secho?”. Siempre a él, mientras tomó la acertada decisión de cerrar con tres y sus jugadores se remangaban para deshacer el entuerto. Sin quejas, con humildad.

Y así, en medio de una crispación entendible por parte de una afición cansada de decepciones, llegó el 2-1 a la postre definitivo. Les queda un paso. Justo el que faltó el curso pasado con él en el banquillo para lograr una permanencia que habría sido milagrosa. De ello dependerá que las penurias hayan merecido la pena. Así es el fútbol.

Secho Martínez, entrenador del Compostela, durante el partido de ida contra el Arteixo de la final gallega por el ascenso a Segunda RFEF
Secho Martínez, entrenador del Compostela, durante el partido de ida contra el Arteixo de la final gallega por el ascenso a Segunda RFEF
QUINTANA