Veo señales por todas partes
Caminaba por la calle, en dirección al trabajo, cuando levanté la vista y allí la vi, una mancha verde en una fachada azul, solitaria pero orgullosa, como a contracorriente: una bufanda del Liceo asomada a una ventana. Yo me imaginaba que el destino me había hecho levantar la cabeza justo en ese momento, casi como empujada por una fuerza oculta o tirada hacia arriba por el hilo de un marionetista invisible. Y hasta me parecía que me miraba, que me hacía ojitos, buscando esa complicidad conmigo porque solamente yo, precisamente yo, podía entenderla después de semanas sintiéndome exactamente igual que ella. En una isla, en cierta manera aplastada, completamente incomprendida, pero también con la rebeldía de mantenerse en pie, como precisamente hace el equipo verdiblanco.

Le saqué una foto y la subí a mis redes sociales. Si se pudiera hasta le hubiese dado un abrazo o, en su defecto, a su dueño o dueña. Por demostrarme que no estamos solos, que en esta ciudad hay sitio para todos, que ya animamos y celebramos al Dépor, que ahora nos toca con el Leyma y la próxima semana, crucemos los dedos, con el Liceo (espero que María Pita también vuelva a cambiar los colores) y que los brotes verdes empiezan a florecer bien entrada la primavera, más cerca del verano ya.
Caminaba por la calle, en dirección al trabajo, cuando levanté la vista y allí la vi, una mancha verde en una fachada azul, solitaria pero orgullosa, como a contracorriente: una bufanda del Liceo asomada a una ventana"
Últimamente veo señales por todas partes. Lejos todavía de ponerme un gorro de papel de aluminio pero, ¿y si el universo me está mandando mensajes ocultos? Porque el otro día iba por el paseo marítimo y me fijé en que había algo escrito en la arena del Matadero. ¿Una inscripción en la playa con la fecha del 23 de junio de 2026? Seguramente todo el mundo pensaría en San Juan. Quizás en el anuncio de una boda. A mí lo primero que se me vino a la mente es que predecía el título de Liga del Liceo porque es el día que se jugaría un posible quinto partido de la final del playoff. Que, además, de llegar el equipo verdiblanco, sería en el Palacio de Riazor. No habría final más apoteósico y que, de una manera, serviría también para curar aquella herida infringida al deporte coruñés en Mallorca. Sé que se trata de una acción de una cadena de pizzerías y de una fiesta que habrá en la zona. Pero yo elijo creer y pensar que no es casualidad. Y confiar en que el universo me dice que no estoy tan sola.

