La fiesta de los dopados
Hagamos un paréntesis blanquiazul, espero que no les importe, para hablar de otro tipo de fiesta, la que hicieron el pasado fin de semana en Las Vegas, y que pasó, por suerte, bastante desapercibida, un grupo de deportistas dopados. Sí, sí, como lo leen. Los Enhanced Games no son otra cosa que lo que anuncia su nombre, literalmente “juegos mejorados”, es decir, una competición en la que el dopaje no solo está permitido y no existen sustancias prohibidas, sino que está incentivado a base de millones para aquellos que consigan, sin importar los métodos, batir algún récord del mundo. Barra libre. “Bienvenidos al futuro”, se presenta a sí misma la competición, incluso sus deportistas, como los nadadores de la foto que acompaña a este artículo, el australiano James Magnussen y el británico Ben Proud, que se unieron a la causa por algo que no le dieron todas sus medallas olímpicas y mundiales: dinero.

En su primera edición estos Juegos de los Dopados arrancaron solo con tres disciplinas: halterofilia, atletismo y natación. Y fue precisamente en la piscina donde los organizadores consiguieron convencer al mayor número de estrellas. Para mí, una amante de la natación, una gran decepción ver algunos de esos nombres ligados a esta competición. Otros ya nunca habían tenido fama de limpios cuando estaban en activo y solo parece una excusa para hacer abiertamente lo que antes tenían que esconder para no ser pillados.
"Los Enhanced Games no son otra cosa que lo que anuncia su nombre, literalmente “juegos mejorados”, es decir, una competición en la que el dopaje no solo está permitido, sino que incentivado a base de millones para los que consigan, sin importar los métodos, batir algún récord del mundo. Barra libre"
Pensando el por qué tantos nadadores de primer nivel han cedido a la tentación, la única razón que se me ocurre es que es uno de los deportes en los que está más descompensado el esfuerzo y los sacrificios que hay que hacer y el dinero que se gana por ello. El millón de dólares por batir el récord del mundo fue la principal razón aludida por ellos para cargarse de un plumazo su legado deportivo, convertirse en ratas de laboratorio y poner en riesgo su salud y sus cuerpos sometidos a sustancias cuyos efectos a largo plazo se desconocen todavía. El caso es que el griego Kristian Gkolomeev supuestamente batió el récord del mundo de 50 libres. Pero hasta el crono parecía dopado. Las imágenes demuestran que se paró antes de que tocara la pared. Fiesta de dopados y fiesta de los tramposos.
