Vamos a hablar de los árbitros
Alabo la –elegante– habilidad de Carles Marco de, en la rueda de prensa posterior al segundo partido de cuartos de final, referirse a la nefasta labor arbitral sin hablar de ella.
El arriba firmante no posee ese don. Si cierta rienda suelta para expresar contentos y descontentos. Porque de los árbitros hay que hablar cuando lo merecen. Para bien y para mal.
El (eufemismo al canto) desigual criterio seguido el domingo por Leandro Lezcano, Juan P. Morales y Mikel Cañigueral se juzga solo. De forma soberana: tu equipo ha ganado y aun así despides a los de silbato con toda clase sonidos y de improperios. Es más, el entrenador del perdedor felicita al trío. Blanco y en botella...
El criterio, en baloncesto, puede ser blando o duro. Nunca haber dos. Si vas permitir dureza en los contactos, que sea para los dos. Igual que si el listón de las faltas se coloca más bajo.
Podría ser una simple visión personal, pero no; cuenta con el apoyo de aficionados y de gente del propio baloncesto. Una actuación arbitral infame. Posiblemente la peor que he visto, en un partido de casa, en los 26 años que llevo pegado laboralmente al Básquet Coruña. Por encima de la (in)olvidable de Francisco Javier Bravo y Jesús Marcos Martínez Prada en el cuarto partido de primera ronda de los playoffs 2012-13 contra el Andorra, la primera vez que escuché a la joven y poco formada afición entonar el consabido “¡fuera, fuera!”.
Tonada que esta temporada ha sonado varias, demasiadas veces en el Coliseum. No por vicio, ni por querer más que los demás. Por justicia.
Lezcano, por cierto, formó parte del trío de la polémica derrota en Fuenlabrada al no darse como válido un palmeo de Guillem Jou. Me cuenta una fuente muy fiable que el árbitro argentino dijo que era dentro de tiempo, su compañero –¿les suenan juntos los apellidos Martínez y Prada?– dijo fuera y la coruñesa Laura Piñeiro se inhibió. Hasta cierto punto lógico. Y con empate técnico, la decisión final la tomó la mesa de anotadores, formada por gente de la federación autonómica local.
Por eso es inevitable pensar que, dentro o fuera (en ambos casos sería por una o dos milésimas), de haber sido en el otro aro, la mesa habría emitido un veredicto distinto. El atraso técnico que padece la segunda categoría nacional es otro tema. Aunque, no lo olvidemos, puede haber decidido un (no) ascenso.
