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“Esto es lo peor que le puede pasar al fútbol”, clamó el comentarista de la televisión alemana en el que ya se ha denominado como partido del siglo, el PSG-Bayern que se trufó con nueve goles en un espectáculo futbolístico inolvidable. Pues incluso ahí hubo algo que estuvo de más. Fue la aportación del videoarbitraje, que a los mandos del español Carlos Del Cerro Grande, contribuyó a que se tomasen decisiones equivocadas, sobre todo la de un clamoroso penalti de Alphonso Davies por una de esas manos que ahora ciertos árbitros han convertido en punibles mientras se ciscan en el espíritu del fútbol, un deporte tan bien acabado que sufre cada vez que acude el espabilado de turno a reinterpretarlo. Del Cerro es uno de ellos. Casi desde que acampó en Primera División, allá por 2011, se convirtió en uno de los trencillas españoles de referencia, siempre con un rictus estricto que quizás trae de serie por su formación como policía nacional, un duro de manual que, una vez colgado el pito que no el monitor, se ha situado entre quienes gobiernan el arbitraje español. El caso es que, de manera inopinada, dirigirá el VAR en el importante Deportivo-Andorra de este domingo.

Del Cerro incursiona en Segunda División, categoría por la que hace tres lustros que no se pasaba y su presencia aporta una variable novedosa a la jornada, justo en unas fechas sensibles. Parece complicado imaginar que llegado el caso  Orellana, el árbitro designado por el Comité Técnico Arbitral para dirigir el partido de este domingo en Riazor, llegue a entrar en contradicción con lo que le diga uno de sus jefes por el pinganillo. Seamos claros: arbitrará Del Cerro. A su lado en el centro de poder de Las Rozas, estará Melero, de AVAR, otro invento del fútbol moderno, que necesita una tropa de opinadores ante las imágenes para discernir durante largos minutos si un balón que se va a Jaén ha rozado antes el brazo de un defensor. Melero lo hizo, no sin tomarse su tiempo, en el partido entre Deportivo y Leganés cuando protagonizó una de las decisiones más bochornosas que se recuerdan desde que estamos en manos del vídeo.

Las cámaras y la capacidad de decidir mediante su empleo han puesto al arbitraje en una tesitura complicada porque evidencia que el nivel de muchos es aún peor de lo que imaginábamos. El VAR les ha dejado sin la coartada de que debían decidir en décimas de segundo, un comprensible comodín para despejar culpas. Ahora están en pelotas y se les ve el cartón. Todo se trufa con una jerarquía complicada de entender. Los árbitros de Segunda estarán sobre el campo en Riazor, los de Primera, e incluso de Champions, ejercerán de gran ojo que todo lo vigila. Que Del Cerro tenga que bajar al barro es un reconocimiento explícito de que el estamento arbitral sabe que estaba haciendo las cosas mal en este final de Liga en Segunda División. Demasiados errores, demasiadas decisiones mal corregidas y ahora llega el que manda, el que sentó una lamentable jurisprudencia en el PSG-Bayern, para decir que le dejen a él, que ya se encarga de demostrar cómo se hacen las cosas.

Ojalá esta vez pasen de puntillas por el partido.