14 de mayo, hay cosas que no se olvidan
Exactamente 32 años. Para algunos, media vida. 32 años que hoy cumple la triste efeméride de un penalti que le dio una liga al Barça. Si le llegan a recordar este acontecimiento el martes a Florentino, se pone las botas con un argumento más de las ligas “regaladas” a los culés. Según él.
Liaño; Rekarte, Voro, Djukic, Ribera, Nando; Manjarín, Mauro, Donato, Fran; Bebeto. La alineación la sabíamos todos de carrerilla. Son las buenas. Las que te quedan en la mente por siempre jamás. Entró Alfredo sustituyendo a Donato a 16 minutos para el final.
El partido “espe”. Especulaciones. Que si el míster sustituyó a Donato. Ni que nadie supiera que el Deportivo iba a tener un penalti a favor sobre el tiempo reglamentario. Que si Bebeto se escondió. No lo creo. Con lo que le gustaba salir en los papeles... Que si los del Valencia tenían una prima. ¡Claro! Y nosotros también. Todos o casi todos tenemos primas, hijas de nuestros tíos.
¿Y qué prima hay más grande, más bella y más importante que la de la gloria? Eso. El partido “espe”.
De ese encuentro, aparte de una tremenda gripe y de que me parecía tan importante que fui a radiarlo de traje y corbata, lo que me viene a la mente siempre es el propio Valencia y sus jugadores. Que tenían una ‘propina’ del Barça (Serer dixit años más tarde) a modo y manera de lo que fuera: apartamento en Sitges, un Rolex o dinero en metálico, eso no me lo quita nadie de la cabeza aunque no se pueda demostrar.
Lo que sí me deja extrañado desde entonces y en estos 32 años es que, si de verdad para llevarse la Liga, el Barça compró al Valencia, lo hizo de un modo magistral: lo que parecía era que estaban comprados varios jugadores, no todo el equipo.
Había dos bandos que solo coincidían en la camiseta.
Serer, Camarasa, Giner, Fernando, Gálvez y el compadre de Nando, Arroyo, jugaban como profesionales, pero daban a entender que lo de campeón fuese el Dépor o los catalanes no les tenía en demasiada tensión.
Quique Flores, Mendieta, Mitjátovic y el crack González decían con su juego y su actitud la absoluta entrega a la causa blaugrana.
Desde entonces, cuando veo en directo, pero sobre todo por la tele, a un jugador que va a lanzar una pena máxima no me fijo en el color de sus botas, en la carrerilla que coge, o con qué pierna va a chutar. Me fijo en su cara. La de Miroslav no presagiaba nada bueno. Y ¿Por qué falló el penalti Djukic? La contestación es sencilla: porque fue el que lo tiró.
Entrada en el área de un blanquiazul, ‘derribito’ y Antonio Jesús López Nieto señala el punto fatídico. Fatídico para el que iba a disfrutar de la posibilidad de marcar sin más oposición que la del portero rival. Portero que ahora entrena por Andalucía a los que juegan en su misma posición en la categoría de Segunda Federación. Es posible que algo se llevara, pero no la gratitud de los aficionados. No los del Deportivo, que como es lógico no lo pueden ni ver. La mayoría de los seguidores futboleros españoles, salvo los acérrimos blaugranas, no lo tienen en buena estima.

