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Quiero ser futbolista

Hace años, aunque no demasiados, me llamaban poderosamente la atención las pocas ganas que transmitían los canteranos deportivistas por ser futbolistas de alto nivel. También hay que decir que el club no lo ponía demasiado fácil, sobre todo en tiempos en los que el primer equipo disputaba competiciones europeas en estas fechas. Poca broma. Y poco espacio para las oportunidades para los de casa. Una casa que, conviene no olvidar, existe como tal desde poco después de comenzar el presente siglo. Quizá a los más jóvenes les pueda parecer un chiste que el Deportivo no tuviese más que primer equipo, Fabril, Juvenil A y Juvenil B durante más de un decenio. Pero así fue entre 1988 y 2001.

En los primeros tiempos, las joyas de la cantera escaseaban. Un poco más adelante, pusieron pies en polvorosa ante la falta de oportunidades. Lo hizo primero Bodelón –que nunca llegó a jugar oficialmente con el Dépor– y después Marcos Vales, que sí había tenido minutos importantes. Ambos se fueron a Gijón a través del entonces habitual cambio de residencia. Más adelante, tuvieron sus opciones, sobre todo de la mano de John Toshack. El galés dio la alternativa a Viqueira, David, Maikel, Cascallar, Aira, Braulio o Deus. Sin embargo, ninguno consiguió apropiarse de una taquilla fija en el vestuario de los mayores.

El caso de los juveniles campeones de España en 1996 también fue peculiar. Apenas se hicieron hueco en un Fabril megaprofesionalizado, que peleaba año tras año por dar el salto a Segunda División. Lo lograron Dani Mallo, Xaco, Adolfo, Carlos y Toni. Solo cuatro futbolistas de aquel equipo campeón llegaron a jugar en Primera o Segunda. De los que repitieron la gesta juvenil hace un lustro, dos más ya han pisado la categoría de plata: Yeremay, Mella, Barcia, Trilli, Guille Bueno y Adrián Pereda.

En tiempos más recientes aparecen los casos de los jugadores que, como Juan Carlos Real, descartaban salir cedidos porque priorizaban sus estudios. Otros, de los que mejor vamos a omitir nombres, decidían seguir los pasos de Juanca, pero por pura y simple comodidad.

Caparrós también abrió las puertas de Abegondo de par en par. De ahí fueron saliendo Iago, Rubén Rivera, Iván Carril, Senel... Lotina también tiró del Fabril en el peor momento, con Fabricio y Laure en primera instancia. Después, dio la alternativa a Piscu, Chapi, Lassad, Añón, Seoane... y Dani Rodríguez, que terminó haciendo una brillante carrera lejos de Riazor, a donde volvió el pasado viernes con la camiseta del Leganés. También Raúl Carnero, que igualmente se hizo un nombre en el fútbol profesional. Una señal de que las cosas estaban empezando a cambiar en el semillero.

Independientemente del escenario, de la categoría en que milite el equipo y la exigencia de resultados, es imposible que haya sitio para todos. Pero de un tiempo a esta parte, los chicos de Abegondo lo tienen meridianamente claro. Quieren ser futbolistas. Aquí o donde sea. Asunto que, se miré cómo se mire, es una bendición, porque habla de hambre, de ambición y de prioridades que en tiempos pretéritos se echaban de menos por estos lares. Muchos le pusieron una cruz a Noel por dejar al Dépor en la estacada, pero quizá ahora, con la perspectiva del tiempo, aquella decisión cobre sentido.