Anticuerpos para todo
Soy una persona que rara vez se pone enferma a lo largo del año. Ni en las veces que mi grupo de amigos decide caer unido ante cualquier virus y quedarse encerrado en casa durante un par de días.
Al Deportivo le pasa algo parecido a mí. Pese a sufrir cuatro penaltis en contra en las últimas tres citas del calendario y ser víctima de arbitrajes más que desfavorables, los blanquiazules no pierden.
Esa resistencia, ese saber aguantar de pie incluso cuando el diablo que viste de amarillo empuja en contra, es una de las mayores fortalezas del equipo en este tramo final. Porque esto va más allá de sumar puntos. También hay que analizar cómo lo haces. Cansados del paupérrimo nivel de todos y cada unos de los árbitros y, todavía más, de las leyes por las que se rigen, que más que garantizar una competición clara y justa provocan el caos cada fin de semana, el Deportivo se ha vuelto casi que inmune.
El Dépor no se descompone ante la adversidad, sino que se une para hacerle frente con Newsletters, comparecencias de su director general y un tiburón en la portería al que no le motiva lo fácil y sí lo extremadamente difícil.
El organismo de los de Antonio Hidalgo está más fuerte que nunca, pero no se puede descuidar.
El Dépor convive puerta con puerta con una fiebre amarilla que, aunque ha logrado esquivar durante semanas, empieza a merodear con insistencia. Ocho jugadores están apercibidos de perderse una de las cuatro finales que restan. Ocho nombres que condicionan decisiones durante los encuentros, obligando a medir cada entrada, agarrón y protesta. La última seguramente sea la más complicado de controlar. “Hay momentos en los que condiciona. Yo soy consciente de la situación, pero obviamente no voy a dejar de hacer lo que debo por una posible tarjeta. Si en algún momento hay que cortar la jugada, pasará. Es fútbol y estamos preparados para cualquier cosa. Pero es algo que tenemos en cuenta”, confesaba Adriá Altimira en rueda de prensa la semana pasada.
El vestuario ha demostrado tener anticuerpos para resistir golpes externos, pero este es un enemigo distinto. El Deportivo debe empezar a jugar ese partido invisible. Prevenir todo lo posible.
¿Se imagina un partido sin Ximo Navarro ni Altimira por la derecha? ¿Sin Yeremay y Quagliata por la izquierda? ¿Sin Noubi o Luismi Cruz?.
Seis indiscutibles que el Dépor no se puede permitir perder, y menos si coincide la baja de uno con otro. El mayor rival de amarillo, por dos.

