Rigor arbitral pero autocrítica también
Caos absoluto desde las pantallas del VAR en las dos últimas semanas que no ha servido para desarbolar a una escuadra con estigma de campeón como el Deportivo.
En una temporada trufada de inconvenientes (irregularidad en casa, lesiones importantes, sanciones...) como la presente, el club herculino continúa optando con más fuerza que nunca a una plaza de ascenso directo a falta de cuatro jornadas para la conclusión de la Liga.
A pesar de los gravísimos errores arbitrales padecidos ante Burgos y Leganés, el equipo dirigido por Antonio Hidalgo ha sumado cuatro puntos de seis para mantenerse en la pomada.
El deportivismo está que trina con las decisiones más recientes de los encargados de administrar justicia sobre el terreno de juego.
No es el único. Hasta los trasatlánticos de Primera División, Real Madrid o Barcelona, también se han quejado del trato recibido por los trencillas, tanto en el torneo doméstico como en Europa. Los ricos también lloran.
Sin embargo, la lógica indignación deportivista en absoluto debe obviar la necesidad perentoria de mirar hacia uno mismo y analizar las debilidades de una formación que rara vez ha tirado de autocrítica.
Hasta la fecha ha habido borrones en todas las líneas, el juego colectivo durante muchas fases del curso ha sido deficiente y la sensación de que un selecto ramillete de jugadores blanquiazules no ha dado lo mejor de sí mismo no permanece ajena a nadie.
En El Plantío, por ejemplo, hubo toda una segunda parte para remediar la incomprensible decisión de Fuentes Molina al castigar a Quagliata con un penalti inexistente.
Asimismo, el pasado viernes en casa ante el Leganés el colectivo coruñés tampoco fue capaz de dejar sentenciado un partido en el que dejó patente muchos minutos su incapacidad para desenmarañar el entramado defensivo de un club ‘pepinero’ que plantó el autobús en Riazor.
En las cuatro últimas apariciones ligueras, frente a Cádiz, Andorra, Valladolid y Las Palmas, todos aguardamos la imparcialidad del silbato para no pasar tantos apuros en la carrera por el regreso a la élite ocho años después.
Ahora bien, el desempeño colectivo sigue gozando de un amplio margen de mejora. Los encuentros deben cerrarse mucho antes para ser impermeables a los gazapos arbitrales. Han sido, son y serán parte del juego. Sobreponerse a ellos es de equipo grande. Rigor arbitral pero autocrítica también.

