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El Liceo también gana fuera de la pista

Perdóname padre, porque he pecado. Estaba convencida de que el viernes estaríamos poco más de cuatro gatos en Palacio de los Deportes de Riazor para ver el partido del Liceo, que coincidía prácticamente en hora con el que estaba jugando en el estadio anexo el Dépor, una final hacia el ascenso a Primera con fiesta previa en el Día de Peñas. El de los verdiblancos era a las 19.15 y no se podía cambiar por tratarse de jornada unificada. El de los blanquiazules, a las 18.30. Además, parte de la base del hockey coruñés estaba repartida entre Carballo (con Liceo, Dominicos, Lubiáns y Compañía disputando el sector alevín) y Oviedo (Oleiros, Dominicos, Compañía y Ordes el juvenil). Pero no. Cerca de dos mil aficionados eligieron el Liceo, eligieron ver cómo el equipo terminaba la fase regular de la OK Liga en primera posición. No estábamos solos en el Palacio de los Deportes de Riazor. Y esa es otra victoria extra en una temporada que ya es histórica. 

Cualquier otro año seguramente hubiese sido la mejor entrada del curso. Pero este ya hemos vivido varios partidos de cuatro mil espectadores, del casi lleno. Los hubo contra el Benfica. Los hubo contra el Barça. Y también frente al Barcelos, que además de ser un duelo crucial en el camino del Liceo hacia la Final a Ocho de la Champions, era el primer encuentro del equipo con la afición en el Palacio después de proclamarse campeón de la Copa del Rey. Es innegable que algo ha hecho click y que la ciudad ha vuelto a conectar con el que nunca se fue, el que siempre estuvo ahí. Algo también estarán haciendo bien desde el club. Un trabajo de fondo que se venía haciendo desde hace ya unas temporadas y que necesitaba un último impulso para un sprint final que ha hecho que por fin todo salga a relucir. 

Una de ellas ha sido intentar aunar al hockey gallego. Para el partido del viernes estaban invitados todos los clubes de la comunidad. Muchos estuvieron en las gradas del Palacio y sus pequeños jugadores animaron como los que más. Y después, uno a uno los jugadores pasaron a sacarse fotos y firmar autógrafos en una vuelta al ruedo que nunca hay que perder y que esta vez duró más de una hora. 

Quien no quiso estar, allá él, una fiesta que se perdió. Hay que caminar hacia la normalidad. Se puede ser rivales en categorías base y después todos remar en la misma dirección y esa no es otra que el hockey siga creciendo, lo que pasa por que a su cabeza visible, que innegablemente es el Liceo, le vaya bien. Se avecina un mes emociones. Empieza con la Champions y sigue con el playoff. La afición puede seguir dándome motivos para ir a confesarme. Del equipo ya hace tiempo que aprendí la lección. Nunca pierdas la fe en el Liceo.