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Atraco frustrado

El fútbol es lo que es porque alimenta pasiones y sentimientos con un barniz inacabado. No es un deporte perfecto en cuanto a controlable por más que los entrenadores diseñen escenarios desde la pizarra. No hace mucho que llegó una presunta solución para convertirlo en una actividad infalible desde el punto de vista arbitral. Lo que ha ocurrido es que los jueces han quedado en evidencia: muchos de ellos ni tienen nivel ni saben interpretar el juego. Quizás sean los principales damnificados de la implantación del videoarbitraje, herramienta que les deja en cueros y revela su incapacidad. Les iba mejor cuando les dábamos el beneficio de la duda y se esgrimía que debían tomar decisiones en décimas de segundos. Ahí están los tres últimos partidos del Deportivo para corroborarlo. Ahora se toman todo el tiempo del mundo para generar estragos en los partidos y falsear la competición con decisiones delirantes con la que los equipos, en este caso el blanquiazul, se pueden sentir despojados. Luego llegarán con la revisión, en ese probo ejercicio de transparencia implantado por los federativos, y entonarán el mea culpa. Demasiado tarde todo.

El Deportivo ganó en Riazor al Leganés un partido clave, lo hizo gracias a un penalti inexistente detenido por Ferllo en un eterno tiempo añadido, otro delirio. El árbitro de VAR, Melero López, un jubilado de los campos que en su día descendió de Primera y estira sus días como trencilla de monitores en el alto mando de Las Rozas, tras escrutar durante seis minutos la acción y sus antecedentes, encontró algo así como un leve roce del brazo de Eddahchouri a la pelota, algo así como una caricia en un lance accidental y sin intención. Y advirtió al árbitro, que nada había visto en directo. “La mano de un jugador girando para volver a correr no puede ser mano”, resolvió con buen tino Massimo Benassi en la sala de prensa.  El sainete acabó en final feliz como pudo terminar en drama. “Afecta a nivel económico”, concluye el pragmático consejero-delegado. También afecta al alma.

Ferllo detuvo el penalti con el que Diawara homenajeó a Djukic y no creo exagerar si defiendo que jamás había escuchado en el estadio de Riazor un estruendo como el que resonó tras lo que desde los marcadores se definió como paradón. Lo fue por el momento y su efecto vigorizante en para un equipo y una gente que cree que es el momento de dar el salto de categoría. En esas anda este Deportivo complicado de interpretar, capaz de dejar transcurrir largos tramos de partido sin que sucedan grandes acontecimientos como preludio a epílogos propios de un manicomio. Al equipo le quieren sujetar las riendas, generar partidos sin idas y venidas que le desnuden en defensa. Lo hizo el Leganés en dos ocasiones al final de una primera parte romísima porque el plan de Hidalgo era juntar al equipo en campo contrario y manejar la pelota sin generar el riesgo de una contra. La consecuencia fue una sucesión de ataques posicionales que maduraron el partido y desgastaron a tirios y troyanos. Ese es el juego de Deportivo, vamos todos con él, no es el momento de cambiar de caballo justo cuando estamos acabando de cruzar el río.

Todo pareció aclararse con un baile de Luismi Cruz en el área para encontrar a Eddahchouri casi en la línea de gol. Quien pensase que todo había acabado allí desconoce la noble historia del Deportivo, uno de esos clubs que no toman caminos lineales hacia el éxito. Concedió el empate en una mala defensa de la frontal y se abocó a las prisas antes de que Noé Carrillo pusiese la pausa, le abriese por dentro una línea de pase a Yeremay y orientase el control para sacar un disparo a la red. La sencillez con la que resolvió todo ese proceso solo se explica desde el talento. El chico es muy bueno, ahora hay que acabar de pulirlo para que tenga continuidad en el profesionalismo sin que se estropee. Y en efecto nada había acabado. Llegó el VAR, la sinrazón de una realidad sobre la que el fútbol debe realizar algo así como lo que un día Luis Aragonés definió, en clave de la selección española de fútbol, como “la gran sentada”. Urge que todos los estamentos que dependen de esto se pongan a hablar, que definan hacia dónde quieren llevar el empleo del vídeo y, sobre todo, más que los protocolos (que también) la punibilidad o no de ciertas acciones. Y que lo expliquen alto y claro para que todos lo entendamos.

Mientras todo eso ocurre, sentémonos a ver que ocurre este fin de semana y la próxima jornada vayamos a Cádiz a ganar, sin rebajas ni especulaciones, con el mazo de los equipos poderosos que ven la meta cerca y se lanzan a por ella.