Emociones asimétricas
Dudo que las entidades que vertebran, dirigen y organizan las diferentes competiciones deportivas actúen con mala fe. Y aun así consiguen, lamentablemente con más frecuencia de lo que me gustaría, que piense lo contrario.
No es una rabieta. Es algo que lleva reconcomiéndome desde hace más de nueve meses. Me refiero a la jornada final de esta Primera FEB impar, asimétrica e injusta. Cierto es que descansar en la última jornada le tenía que tocar a un equipo. Y da la fea casualidad de que le tocó al mío.
No obstante, la injusticia no es a quién le toque, sino que hay un quien al que le toque. La mala previsión de la Federación Española de Baloncesto (FEB), incapaz de redondear la competición con un décimo octavo equipo que cubriera el hueco dejado por el Real Betis (o cómo diablos se llame en la actualidad), una baja que se venía venir a años luz, no ha estado sola en este estomagante proceso.
El organismo que preside Elisa Aguilar tampoco tuvo la delicadeza, o más bien la inteligencia simple y llana, de al menos hacer algo sensato para evitar el –posible– panorama al que se enfrenta el Básquet Coruña: jugarse desde el sofá de casa la posibilidad de conseguir el pasaporte directo a la ACB.
Era tan sencillo como unificar el día y la hora de las dos últimas jornadas, no únicamente de la última. No porque descanse un equipo que puede llegar líder a la fecha final y perder ese privilegio y un ascenso sin estar presente en la batalla. Por una cuestión de sentido común. Que también se ve a años luz de distancia gracias a la igualdad que suele imperar hasta el final de la regular de la segunda categoría nacional.
Tal vez la FEB solo tenga memoria a cortísimo plazo y se haya quedado con la campaña pasada, en la que el San Pablo ascendió a falta de tres jornadas. Porque un año antes de eso, a la fecha que cerró el calendario previo a los playoffs llegaron TRES equipos con opciones de acabar en la primera plaza: el propio San Pablo, el propio Básquet Coruña y el Força Lleida.
En más del 50% por cien de las 26 ediciones completas de la ahora llamada Primera FEB, los dos primeros clasificados de la regular terminaron o empatados a victorias o con solo una de margen; en algunas ocasiones esa mínima diferencia no se estableció hasta después de jugado el último encuentro.
No es mucho pedir. Y menos cuando desde la misma FEB se ha sacado pecho, temporada tras temporada, no solo de calidad de su principal liga masculino, también de la enorme igualdad que suele presidirla. Pero, ya se sabe que, predicar y dar trigo no siempre van de la mano.
