Carlos Fernández, Aketxe y los flechazos fugaces de Riazor
Se ha puesto de moda en el fútbol en los últimos tiempos un consejo tan poético como frío. “No te enamores de un cedido”. Nunca he sido yo demasiado de seguir recomendaciones en materia sentimental, no me ha ido del todo mal, y este caso no iba a ser una excepción. Por eso cuando un jugador entra por la puerta del Dépor y me ofrece algo diferente, no tengo el menor reparo en tirarme a sus brazos. No me preocupa que la relación no sea para durar, se trate de un préstamo o un contrato con fecha de caducidad próxima.
Por eso a menudo estoy a un paso de que me rompan el corazón... aunque no siempre sea culpa de quien está al otro lado y sí de las circunstancias. Del timing. Del quizá en otro momento o en otro lugar. El caso es que hoy podré volver a disfrutar sobre el césped de Riazor de Carlos Fernández. Uno de esos flechazos que provocaron que durante unos meses no tuviera ojos para nadie más que llevara puesta la blanquiazul. Sus lesiones le arrebataron al Dépor buena parte de las opciones de ascenso y en los años siguientes, al fútbol español, uno de los delanteros con más talento de la última década. Y al mismo tiempo, nos arrebataron a todos los que seguimos el día a día del equipo deportivista la posibilidad de seguir viéndolo sobre el césped coruñés. El amor está en lo cotidiano.
Se marchó Carlos Fernández, uno de los pocos jugadores que en estos años oscuros puede presumir de haber ido un paso por delante del club. No es demasiado larga la lista. Esa en la que uno no puede evitar colocar también muy arriba Ager Aketxe. Varias personas cercanas me reconocieron en su día que el cañón de su zurda nunca había tenido la brillantez y la continuidad que ofreció en A Coruña. Un nómada que estaba dispuesto a sentar la cabeza en Riazor, pero al que el Dépor tampoco pudo darle lo que pedía: un escaparate en el fútbol profesional. O Alberto Quiles, otro que pudo reinar en el estadio coruñés, pero que se vio obligado a buscar otros techos que romper después de dos temporadas en las que se le quedó pequeño el Dépor, pero también la Primera RFEF.
Solo queda esperar que lo de hoy con Carlos no tenga que repetirse dentro de unos años con algún otro amor truncado. El Dépor está más cerca que nunca de poder ofrecerles a los pretendientes más deseados el mejor escenario posible para seguir creciendo. Seguro que se imaginan por dónde voy. Ni por asomo quiero que Mario Soriano se convierta en el próximo nombre de esta lista. Sería demasiado duro.

