Mi cuenta

Las notificaciones están bloqueadas. ¿Cómo desbloquear?

Mi cuenta

Las notificaciones están bloqueadas. ¿Cómo desbloquear?

Me lo empiezo a notar. El cuerpo un pelín agarrotado, el estómago algo encogido. Juraría que mengüé un centímetro la última semana. Los nervios palpitan algo más cerca de la piel. Está volviendo a suceder: el Deportivo se la juega. Y como cada vez que eso ocurre, algún reflejo reptiliano se zampa un buen bocado de mi racionalidad y, qué le vamos a hacer, de repente todo el porvenir inmediato de mi equipo de fútbol deja de ser una cuestión de competición deportiva y se me aparece como un relato épico a merced de las fuerzas del destino. A esto que me pasa le llamo “ser hincha”.

Estaba aún enredado en disquisiciones sobre rendimientos de jugadores, planes de partido y declaraciones de entrenador, cuando sin comerlo ni beberlo (pero habiéndolo comido y habiéndolo bebido todo en realidad), me encuentro aquí, absolutamente expectante a ocho jornadas del final, permanentemente agitado, un poco preocupado también. Estando el mundo como está, y sin ánimo de frivolizar con la actualidad mundial, cada cual se echa a la espalda aquello con lo que se ve capaz de cargar y arreando. Yo sobrellevo la posibilidad, tácitamente asumida por todos, pero no siempre verbalizada, de que el Deportivo ascienda o no ascienda. Que aun habiendo existido siempre en el reino de lo posible, digamos que ahora muta en real, que el verbo se hace carne. Antonio Hidalgo nos ha hablado largo y tendido de las “situaciones”, de las coyunturas. Pero hemos entrado ya en la fase en la que nada es transitorio. Busco en Google: “antónimo de coyuntural”.

Cuando Luis Aragonés profetizó aquello de que “la Liga se decide en los últimos diez partidos” habló el idioma de la verdad y describió con precisión enciclopédica la Hypermotion, la competición futbolística más entretenida del mundo para cualquiera que se acerque a ella sin un caballo en la carrera. Un dato jacarandoso que ayuda a explicar la experiencia a los paganos: el líder de la competición encaja tantos goles, más de 50, como los equipos colistas. Otro ejemplo desquiciado que me toca más de cerca: el Deportivo, equipo y grada, celebró a saltos un empate que le privaba del liderato; siete jornadas antes, la afición abandonaba el campo cariacontecida tras una victoria ante el Éibar.

Usaré esta última anécdota para reafirmar que todo cuanto nos ha traído hasta este punto exacto, todas esas alforjas con las que nos avituallamos, están amortizadas y las damos por buenas. Los márgenes son cada vez más estrechos para insistir en disquisiciones. Y no será porque no sigan brotando, bien interesantes además, precisamente cuando creíamos que el Deportivo no podía ser más cosas de las que había sido hasta ahora: podemos pensar en qué nos ofrecería de aquí al final un triunvirato Patiño-Riki-Soriano, imaginar el recorrido futuro de Altimira como extremo, o calcular cuánto de importante es devolverle a Yeremay el protagonismo de la primera mitad de curso. Pero con ocho partidos por jugarse mi estado sentimental es “¡dale Dé!” y esos debates que me alimentaban en la jornada 14 o en la 28, ahora no logran distraerme de la inquietud que me va a acompañar hasta finales de mayo. Ha sido un viaje. Solo nos falta llegar.