Excelente Dépor, grandioso Riazor
Quedémonos con lo positivo, que es tiempo de sumar esfuerzos y además así debe ser. El Deportivo jugó bien, por momentos hizo un despliegue excelente, sumó apenas un punto, pero un rival directo no se llevó los tres. Hubiera sido injusta una victoria del Málaga, también lo fue el empate, pero en los instantes finales del partido el equipo se partió en varias ocasiones y quedó a expensas de una contra que podía haberlo fulminado. “Lo importante es sumar”, decía Arsenio. Así que hay que darle valor a los 60 puntos que lucen en la tabla, al que se sumó en esta jornada y a los que dejó de sumar el Málaga. Y buscar ahora en Huesca los que esta vez se escaparon.
El Deportivo mereció ganar un partido que amaneció entre cautelas, con dos equipos más preocupados en taparse que en buscar opciones en la presión, que era alta pero no del todo audaz. Aún así aparecieron las ocasiones porque por una parte a la zaga del Málaga le temblaron las piernas más de una vez en el manejo de la pelota y a los chicos de Hidalgo, obligados por el rival a salir por el flanco de Loureiro, les costó encontrar los caminos para llevar el balón con ventaja a sus delanteros. La tensión a veces atenaza, hay que saber jugar con ella, con las expectativas y la pasión que rodean a los equipos. Por ahí el Deportivo dio un paso adelante que resulta alentador a la vista de lo que se viene. Habrá más partidos como este y hay que saber jugarlos para obtener el máximo rendimiento.
El equipo fue a más. El descanso le sentó fenomenal y, sobre todo y como de costumbre, que la pelota estuviese más tiempo cerca de las botas de Mario Soriano ayudó a que se asentase. Todo empezó a fluir porque además en el costado derecho operó, colosal, Adrià Altimira. El chico le da al equipo coraje, buen pie y profundidad, un combo complicado de mejorar. A rebufo de ellos se vino arriba el equipo, que encontró soluciones y se vino arriba en medio de un apoyo de la grada de esos que generan problemas a los rivales. Riazor cuando se pone es un campo duro para cualquiera.
Hubo un instante, en pleno torrente futbolístico y de sentimientos desbordados desde la bancada, que uno de los centrales del Málaga se fue al piso para simular un calambre. En realidad lo que estaba pidiendo era que aquello se detuviese, que por favor les dejasen de apretar. El gol llegó con fórceps, tras un sinfín de tentativas que culminaron en un grandísimo pase de Altimira que Mulattieri empujó de forma medio atropellada. Todos empujamos ese balón para que rodase hasta la red. “Cabeza, ahora no hay que cagarla”, dijo segundos después uno de mis vecinos de grada. En ese momento empecé a oler a boñiga. Nada es sencillo para el Deportivo, nada consiguió jamás sin sinsabores por medio. Nada iba a ir rodado, aunque en aquel momento lo pareciese. El empate premió al Málaga cuando más tocado estaba en una acción episódica y con un punto de fortuna. Castigó a un equipo que había defendido bien el balón parado. Fue tan inmediato y tan injusto que nos chafó a todos.
Pero no podemos detenernos. Esto va de caer y levantarse. Lo hizo el equipo y hay que ponderarlo como se merece porque el ritmo que puso en la segunda parte fue muy exigente. El Deportivo buscó hasta el final el triunfo que mereció y que tuvo en la mano. Ese también es un valor porque incluso lo hizo con dosis de temeridad. Quiso ganar, debió hacerlo y empató. Otras veces ganó con menos. Nada en el fútbol es lineal, lo único que resta ahora es que ir a Huesca a buscar allí los tres puntos y aprovechar las ventajas que ofrece un calendario que en teoría es más favorable que, por ejemplo, el del Málaga, un rival directo que sigue tres puntos por detrás en la tabla. Por cierto, como ese Burgos que hizo lo que se le supone a los equipos que ahora miran al ascenso: ir a casa, en este caso del Albacete, y ganar. Eso es lo que toca para el Deportivo el próximo fin de semana.
