Este es el momento
La semana es santa para el Deportivo, que tras su última comparecencia en Riazor nos dejó a todos con una sonrisa en la cara. No tanto por el despliegue futbolístico, que tampoco podemos pedir que esto sea Brasil del 70, como por la cara que mostró el equipo, muy alejada de la que tantas veces nos ha defraudado cuando esta temporada jugaba como local. El Dépor fue concreto y eficaz en ataque. Y cuando se trataba de defender se le vio tan abnegado como para convertirse casi en inexpugnable. Tuvo incluso un punto de fortuna en aquel remate de Guardiola que se fue al larguero y pudo llevarle a un trémulo final. Nada de eso ocurrió. Transmitió un mensaje de solidez y la grada lo captó en medio de un ambiente electrizante del que se puede extraer una conclusión: aquí y ahora es el momento.
Bastantes episodios sucedidos este temporada remitieron a que estábamos ante un equipo con costuras al que se le acusó (le acusamos) con motivos, pero también con ciertas dosis de exigencia, de carencias que en cualquier contexto parecerían insalvables para conseguir objetivos. Del Deportivo se dijo, porque así lo transmitía en diversas fases del curso, que flojeaba en las áreas o incluso que era incapaz de generar juego en la medular y juntar pases que le permitiesen controlar los partidos. Pero ahí estuvo siempre la clasificación como implacable réplica a cualquier duda porque apenas en tres de las 33 jornadas que se han disputado acabó el Deportivo fuera de los seis primeros puestos de la tabla, eso que Antonio Hidalgo ha definido como “el objetivo”. Y seguramente lo hizo porque alguien así se lo transmitió a él.
Sin áreas, cortito de fútbol, en la búsqueda perpetua de un delantero, con un cambio de portero por medio y desmintiendo a los canónicos que aseguran que para optar al ascenso es preciso lucir fortalecido en los partidos de casa, el Deportivo se ha agarrado al campeonato y suma a estas alturas 59 puntos, los que tenía por ejemplo el Levante hace un año, o nada menos que siete más que los que atesoraba el Valladolid que ascendió hace dos. Parece probable que algo se ha haya hecho bien. El equipo, que ha cargado con sus evidentes defectos pero también ha sabido explotar sus palmarias virtudes, puntúa mucho y ahora se siente con vigor para afrontar el tramo final de la temporada a lomos de su gente, a la que ha reactivado en el momento de la verdad. Hace un mes se silbaba y se pedía la salida del entrenador, ahora se le recibe, a él y a sus futbolistas entre vítores. Todo es irregular y voluble, no sólo el equipo.
Y sin embargo, ahí estamos todos con nuestra inestabilidad a cuestas, a nueve jornadas del final y con la sensación de tener la sartén por el mango. “El Deportivo puede jugar como un grande, pero no se siente incómodo cuando se tiene que juntar como un pequeño”, deslizó este martes tras el partido Iván Ania, el entrenador del Córdoba. Es el mejor elogio que puede recibir ahora un equipo que ha interiorizado el mensaje de su entrenador de que a la victoria se llega desde el sufrimiento.
El Deportivo emerge como un colectivo bien engrasado justo cuando pierde a una de sus joyas, David Mella, y debe dosificar a otra, Yeremay Hernández. Por el camino ha encontrado diversas soluciones. Ocultemos los defectos bajo la alfombra en estos dos meses y apretemos en torno a lo que nos ha mejorado, como por ejemplo la nueva ubicación del otrora mediapunta Mario Soriano más cerca de la base, la no siempre lineal consolidación de Lucas Noubi como líder de la zaga, la constatación de que Mulattieri es un segundo delantero de manual que mira más hacia la construcción del juego que a la finalización, la valoración de que nadie es mejor que Villares hasta que toca ser mejor que Villares, los pasos adelante que ha dado Patiño para gobernar los partidos o, en definitiva, la profundidad de un plantel que permite gestionar esfuerzos.
Así que con la tranquilidad del trabajo hecho, con la vista en lo que hagan los rivales en la jornada intersemanal, también con la certeza de que juega una competición cainita en la que todo puede dar un revolcón de un día para otro, el Deportivo y su gente inicia el mes de abril con el contador de la ilusión a tope. El fútbol siempre tiene resortes para darte un sopapo en cualquier momento, por eso la prudencia es una buena compañera. Pero ir del brazo de ella no supone despreciar ni a la ilusión ni a la esperanza. Podemos con todas y con todo. Es ahora. Este es el momento.

