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A menudo solemos escuchar en el mundo del fútbol comentarios acerca de la pérdida de riqueza táctica que condenan a determinados equipos. 

Incluso entrenadores que han revolucionado la concepción moderna de este deporte como Pep Guardiola han tenido que cargar con el sambenito de depender única y exclusivamente de uno de los múltiples registros del juego, el del toque y desborde —una faceta que han bordado los clubes entrenados por el catalán—, que trataron de imitar numerosos técnicos amateurs y profesionales. 

Otros aspectos del desempeño futbolístico como el remate a balón parado, los lanzamientos de faltas o el remate desde fuera del área son tan respetables aunque quizá no tan vistosos como el célebre ‘tiki-taka’ que en su día aportó lustre al FC Barcelona y a la selección española más laureada de la historia. 

Sin querer establecer ningún tipo de paralelismo en el que el desempeño del Deportivo saldría malparado, lo cierto es que a los herculinos les cuesta mucho encontrar argumentos para vulnerar a un rival bien pertrechado defensivamente. 

El pasado sábado ante el Zaragoza el club herculino volvió a atascarse en la sala de máquinas; la presión ejercida por el rival sobre el centro neurálgico del bloque, Mario Soriano, bloqueó a un Dépor que sufrió un apagón generalizado en el segundo acto. Incluso con los movimientos adoptados desde el banquillo de la suplencia, concediendo oportunidades a diferentes jugadores con perfiles ofensivos bien diferenciados —Mulattieri, Yeremay o Eddahchouri—, el Deportivo sufrió más de lo esperado para abrir un partido ante un adversario en descenso que a lo largo de la temporada ni mucho menos se caracterizó por su estabilidad defensiva. 

Hasta que en los minutos finales un cambio completo de registro ofreció una nueva dimensión al juego herculino. Un balón en largo más propio de la Premier League de los años noventa fue amortiguado por Zakaria Eddahchouri y empalado a la red por Mulattieri desde segunda línea. 

La sencillez hecha realidad para desmoronar un entramado defensivo dispuesto por David Navarro que a punto estuvo de cumplir con el cometido de puntuar en un estadio como Riazor

El objetivo de mantenerse en puestos de ascenso directo se había cumplido para un Deportivo que, una vez más, con más oficio que brillantez logró sumar de tres en tres. Para mantenerse segundo en la tabla. Restan once jornadas para el desenlace de una competición ahora mismo impredecible como la Liga Hypermotion; ni siquiera un líder hasta el momento rocoso como el Racing de Santander tiene nada garantizado. 

Para muestra, un botón. La goleada encajada en El Sardinero por los de José Alberto ante un Albacete más centrado en la permanencia que en metas mayores. 

En los citados partidos el Dépor tendrá que exprimir su calidad y mejorar su rendimiento en aspectos tácticos que hasta el momento no han ofrecido réditos. Faltas a favor al borde del área, saques de esquina, jugadas de estrategia laterales, disparos lejanos, lanzamientos de penalti... Lances que hasta la fecha han permanecido casi inéditos por parte de un colectivo que “no juega a nada” pero que va segundo. 

El próximo sábado ante el Sporting de Gijón en El Molinón la formación herculina tendrá una buena piedra de toque para calibrar su potencial real. En un envite con esencia a derbi norteño, en un campo que aprieta de lo lindo y contra un equipo con recursos ofensivos y defensivos —con un Pablo Vázquez convertido en capitán general de la zaga—, el Deportivo puede dar un paso de gigante hacia el sueño de Primera. Menejar más registros será clave.

Instante del Dépor-Zaragoza del pasado sábado
Instante del Dépor-Zaragoza del pasado sábado
QUINTANA