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Algo pasa con Gragera... y con Villares

No consigo entender qué le sucede a la sala de máquinas del Deportivo

Con futbolistas notables para la categoría el equipo se trastabilla de modo recurrente en sus transiciones ofensivas, lentas y casi siempre previsibles. 

El juego al primer toque aparece como una entelequia en los últimos tiempos, en los que las conexiones con el resto de líneas se suceden con una intermitencia desesperante. 

Uno de los fichajes de la presente campaña, procedente de Primera División y llamado a marcar la diferencia en cuanto a criterio y distribución ha desaparecido por completo del mapa. 

José Gragera acumula casi tres meses sin disputar ni un solo minuto en el torneo doméstico; titular indiscutible siempre que ha estado en las condiciones idóneas para actuar a lo largo de la primera vuelta, su presencia se ha volatilizado desde el pasado 20 de diciembre ante el Andorra, cuando entró en el minuto 46 en sustitución de José Ángel; la inesperada derrota padecida en Encamp por el Deportivo (1-0) condenó al mediocentro asturiano. Y es que el dorsal 16 blanquiazul no es que haya pasado a un papel de secundario desde entonces sino que ha pasado totalmente al ostracismo, dando lugar a las lógicas especulaciones acerca de su situación personal en el club. 

En 2026 todavía no ha pisado el césped. Su inactividad ha suscitado rumores acerca de una posible salida en el mercado de invierno que finalmente no ha cristalizado y ahora mismo su futuro es toda una incógnita. 

Mientras su entrenador, Antonio Hidalgo, guardaba silencio acerca de una temporada guadianesca como la del mediocentro, el equipo ha ido perdiendo calidad en sus prestaciones en la medular, así como el control de los encuentros. 

Ni siquiera la llegada de un recambio de garantías como Riki —que ha sido de lo más rescatable en el descalabro generalizado ante el Granada y que ha mostrado destellos de calidad y oficio— ha logrado enderezar el rumbo de una escuadra que ha perdido enteros en la lucha por el ascenso directo en sus últimas apariciones, no tanto en relación a los puntos obtenidos como en su estilo de juego deteriorado. 

Otro de los exponentes del centro del campo herculino que no atraviesa por su época de máximo esplendor es el canterano Diego Villares. El ‘correcaminos’ deportivista ha dejado de ser imprescindible en el club herculino por primera vez desde su irrupción en el fútbol profesional en la segunda mitad del ejercicio 2020-21. 

Aunque ha tomado parte en 25 de los 29 encuentros de Liga transcurridos esta temporada, el de Samarugo no ha entrado en los planes de Hidalgo en sus dos últimos partidos, contra la Real Sociedad B en Zubieta (2-3) y frente al Granada en Riazor (0-2). Precisamente el desbarajuste total y absoluto en que se convirtió el desempeño blanquiazul el pasado fin de semana —en una lección de impotencia castigada con pitos desde las gradas— podría proporcionar de nuevo oportunidades a este doble pivote de olvidados. Recuperar estilo propio y elasticidad en el eje de la medular se antoja clave para desengrasar un engranaje que a día de hoy presente un grado de oxidación no preocupante sino alarmante. 

En un escenario prácticamente inexpugnable como el Alfonso Murube de Ceuta el equipo coruñés tiene ante sí el reto de regresar a la senda del triunfo frente a un conjunto revelación de la Hypermotion plagado de bajas. 

Sentir de nuevo la energía y el savoir faire de Gragera y Villares en la parcela ancha del municipal ceutí supondría una gran noticia no sólo para aspirar a sumar de tres en tres otra vez sino también para hallar un faro que ilumine al grupo en el último tercio liguero.

Gragera, durante el partido contra el Mallorca
Gragera, durante el partido contra el Mallorca
Quintana