Resaca
Las resacas hay que saber llevarlas. A veces la experiencia ayuda. El deportivismo, en todos sus estamentos, trata de lidiar con la que le deja la pobrísima prestación del equipo ante el Granada en un partido que fue un desastre sin paliativos. Y cuando no hay un lenitivo que ablande el sufrimiento caben varias opciones que básicamente se resumen en dos: o aprietas los dientes y sigues hacia adelante o pones paños calientes e intentas calmar el malestar.
Ese tipo de paños acaban por enfriarse. De niño conocí a un tipo con dolor de muela que se aplicaba sobre una pieza con caries un algodón mojado con aguardiente. Decidí imitarle y retrasar la visita al dentista. Agarré un pedal considerable y me quedé sin muela. El Deportivo debe decidir ahora si se empapa en aguardiente o se sienta en la silla del dentista. No es una decisión sencilla: el equipo transmite sensaciones pésimas, pero ha sumado tantos puntos que este fin de semana estaba al filo de situarse en puesto de ascenso directo. La tesitura es diabólica porque subyace no solo el hartazgo de gran parte de la grada sino la sensación de que el entrenador no logra extraer la mejor versión de sus jugadores justo cuando llegamos al momento más importante de la temporada.
El foco apunta a Antonio Hidalgo porque el entrenador siempre está en la primera línea de fuego y el club se afana en dejar claro a quienes informamos sobre el equipo que la confianza en el entrenador es total. Se suceden, para reforzar esa idea, las referencias a que el objetivo es pelear el ascenso, aunque sea en el playoff. “Esto es un proyecto”, deslizan en el Deportivo para marcar distancias sobre tiempos de mecha corta en el banquillo. En ese juego se puede interpretar que antes y después del partido de este domingo se designase para dar la cara ante los medios a futbolistas recién llegados al club que se esforzaron en transmitir el mensaje de que el Deportivo tiene el mejor entrenador posible para este momento. Pero el relato se da de bruces contra una realidad que expone que no se ha logrado evolucionar un equipo que en el inicio de temporada parecía bien engrasado. Los elogios de entonces a un combo que defendía hacia adelante, no se aculaba y tenía recursos ante la portería rival han mutado simplemente porque aquí de lo que se trata es de exponer y opinar en torno a lo que sucede, con el deportivismo siempre por delante, sí, pero también sin una miopía que deforme la objetividad.
Lo ecuánime es describir que el Deportivo sobrevive en los puestos de cabeza con un despliegue que está muy lejos de lo que cabe exigirle. Y esa falta de tono es la que genera tanto desasosiego. El domingo, tras un triunfo fuera de casa (no entremos en más detalles), Riazor pitó a sus jugadores cuando con el marcador en empate amasaban la posesión en la zaga sin que se atisbase intención o capacidad de profundizar. Es una alerta de que la gente muchas veces está preocupada por el cómo y no tanto por el qué. El camino importa y no es el que trata de recorrer ese Deportivo cauto y romo al que Hidalgo adiestra para atraer rivales a su campo sin que luego exhiba repertorio para superarles. O el que no consigue generar eso que el técnico define como “situaciones” cuando deciden esperarle, tal y como hizo el Granada en una segunda parte en la que ni cosquillas sufrió. Aquí y ahora hace falta más chicha, más alma, más rock and roll. Cuando tu equipo salta al campo con la posibilidad de ganar, ponerse segundo y engancharse al ritmo del líder lo que aguardas es algo muy diferente a la tibieza mostrada ante el flojo Granada en Riazor
El momento es delicado. Yeremay está lesionado (aquí tampoco entraremos en detalles) sin fecha prevista para su regreso y el golpe de Mella cuando buscaba el empate ante el Granada nos duele a todos. En tiempo de dudas no es bueno quedarse sin referentes, y estos dos chicos lo son no ya para el equipo sino también para esa afición que el domingo sin ellos sobre el verde transitó de la melancolía al desencanto.
Y ahora llegan las preguntas de difícil respuesta porque lo que se percibe es que igual el mercado de invierno transcurrió sin que se acudiese a reforzar aquellas posiciones que necesitaban refuerzo y se trabajó sobre otras que sí estaban cubiertas porque Parreño, Villares y Ximo Navarro son ahora suplentes y no eran de lo peor del equipo cuando jugaban. Ni tampoco parecía que la baja del lateral se cubriese de mala manera.
La ventana de fichajes pasó sin que llegasen soluciones que demanda el equipo y que se evidencian con las decisiones de un entrenador que busca y busca sin encontrar. El Deportivo necesita un central de jerarquía, que para Hidalgo no semeja que sea el irregular Noubi, y ansía un delantero del nivel requerido para dar el salto de categoría. Atrás el técnico no deja de dar bandazos para encontrar un acompañante que se instale como pareja de Loureiro, un pretoriano de Hidalgo que antaño lucía eficaz y ahora lo hace sacrificado para tapar rotos y descosidos que ya tenían que estar reparados. No están mejor las cosas en el otro área, donde Eddahchouri, el nueve titular, no deja de evidenciar sus limitaciones y suele ser el primer reemplazado cuando el equipo va por detrás en el marcador. Podría ser un indicador de que existen alternativas, pero más bien lo es de desesperación. Tanta como para que ahora se le trate de asignar la responsabilidad del gol al delantero del Fabril.
Llegado este punto lo aconsejable sería buscar soluciones antes de designar culpables. O al menos no destruir nada antes de tener los planos del nuevo edificio. ¿Hidalgo, vete ya? Cabe plantearse por quién y para qué. Y sobre todo a cambio de qué. Y entender también que precedentes y comparaciones los hay para sostener un relato y el opuesto.
Creo menos en el entrenador del Deportivo que hace seis meses. Entiendo, con el indudable hándicap de no estar en el día a día de su trabajo, que lo que expone el equipo cada partido apunta a una inquietante involución o, más bien, falta de progresión. Y me preocupa porque suelo ser magnánimo con el trabajo de los entrenadores. Dudo sobre si el equipo mejoraría con su marcha. Nadie tiene certezas, y mucho menos con una pelota por medio, sobre que va a deparar el futuro y si yo las tuviese donde debería estar es en la dirección deportiva del equipo y no al frente de un periódico. Hacer las dos cosas a la vez ni es posible ni aconsejable. Cada uno lleva las resacas como puede.
