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La realidad siempre golpea

Señor Carlos Muñiz, de verdad que no hacía falta añadir diez minutos al partido. Fue una tortura que los casi 20.000 desplazados a Riazor no merecían soportar. Bastante tuvieron con los 90 anteriores.

El Deportivo, con un once inicial que no gustó ni antes ni— mucho menos— después del encuentro, dio continuidad a la imagen que arrastraba desde hace semanas. Antonio Hidalgo confesó que había sido el peor partido de la temporada. A mí, sin embargo, no me pareció muy diferente a lo visto también en Riazor contra el Eibar o la Real Sociedad B. Una victoria y otra derrota que me sirven para situarme en el bando contrario a los resultadistas y poder entonar aquello de que “se veía venir“.

“Ya jugamos mal siempre y ahora se acabó la suerte”, comentó un seguidor al término de la derrota ante el Granada. Yo no lo simplificaría al azar, sino a la lógica de que, si repites los mismos errores jornada tras jornada, lo normal es que antes o después la realidad te alcance. Y más cuando pierdes a tu jugador franquicia. Ese que, pese a no estar bien —ni antes ni ahora—, te salvó del fuego en más de una ocasión con pequeños chispazos.

Nada más subir al marcador el gol de Jose Arnaiz, me invadió la sensación de que, salvo milagro en forma de una acción a balón parado— de la que tan poco rédito saca el conjunto herculino— o de otra expulsión rival, iba a ser imposible aprovechar el tropiezo del Castellón y evitar otra ‘deportivada’.

El Dépor volvió a ser un equipo muy plano con balón. Sin velocidad para llegar a situaciones de uno para uno en los carriles exteriores y sin la capacidad de desbordar para generar movimiento y dudas en un Granada que vivió excesivamente cómodo.

Que el Deportivo disfruta más con metros y espacios para correr es una lectura tan incontestable como que dominar solo ese registro no basta. Apenas el 35% de los goles blanquiazules de esta temporada han llegado en ataques posicionales. Cifra muy alejada a los Racing, Castellón y compañía. Cuesta creer que a una plantilla que cuenta con la ventaja de tener a Mario Soriano le cueste tanto jugar a algo cuando le toca meter mano a un bloque bajo. Y no es solo cuestión de entrenador. Hay varios jugadores que están muy por debajo de lo que se espera de ellos.

El Dépor remontó al Almería porque Yeremay pudo correr; ante la Real B, porque se encontró con un amable Mikel. Nada más. Quizás por todo esto estaba tan convencido de que ganar a los nazaríes sería misión imposible. O te adelantas primero para desaparecer inmediatamente después, o acabas mostrando que tienes más defectos que virtudes a la hora de atacar en estático. Da miedo jugarse el ascenso en un playoff cuando no eres capaz de responder a un golpe del Granada con más de 70 minutos por delante en tu estadio.