Quina mandra Liceo
Qué llorones son estos del Liceo. Siempre quejándose. Que si las pistas tienen que tener unos mínimos de higiene y seguridad. Que si siempre tienen que estar viajando y andan pidiendo que se les adapten los horarios. Que si se les insulta y veja en Cataluña... ¡Quina mandra! ¡Pero qué pereza! Y qué exagerados. Siempre que pierden (o empatan y mantienen el liderato con siete puntos de ventaja, una frustración imposible de lidiar por las buenas) la lían. La afición del Igualada, jóvenes llegados directamente de la misa, de ahí que les sentara mal la sangre de Cristo, tuvo un comportamiento exquisito y ejemplar. Vamos, del Palacio de los Deportes de Riazor directos al Buckingham Palace. ¿Que les llamaron maricones, hijos de puta y no pararon de dedicarles peinetas? Tampoco es para tanto. Solo es lo normal en los partidos. ¿Qué será lo siguiente que querrán censurar? ¿Que no se les pueda escupir a la cara?
Ahora en serio. ¿Dónde están los límites? No sé a qué tipo de comportamientos están acostumbrados por ahí. En A Coruña los aficionados no mean colonia, que energúmenos los hay en todas partes, pero por lo menos en los últimos quince años los niños viven los partidos en otro tipo de ambiente, con una forma diferente de animación, cantando con el megáfono a sus jugadores, sacándose fotos con los rivales y donde los que vienen a insultar acaban quedándose callados todo el partido dándose cuenta de que ese no es su lugar (lo intentaron contra el Barça sin demasiado éxito). Y que conste que también fue el caso de muchos de ese grupo de animación del Igualada.
Estaba decidida a pasar página. A dar carpetazo al tema. Porque los comunicados de ambos clubes hablan por sí solos. Pero ya que me dedico precisamente a esto, a la comunicación, voy a hacer el mío paralelo. En primer lugar, condenar la violencia, sea del tipo que sea. De eso se olvidó el Igualada, que sí enseñó unas imágenes completamente parciales en las que solo se veía una parte de unos altercados que, y por alusiones a la prensa gallega, no teníamos necesidad de contrastar porque tenemos ojos y estábamos bastante cerca.
Es peligroso darles alas a los tres o cuatro que ensucian el deporte porque creen legitimadas sus acciones. Al Liceo ya se le llamó llorón al denunciar el vídeo en el que se ensartaba una lechuga mientras muchos reían la gracia. Después todos se llevaron las manos a la cabeza cuando un sujeto, por llamarlo de alguna manera, agredió a un jugador en pleno partido. Ni que no se viniera venir. No hay que esperar a llegar a ese extremo. Insultar constantemente a los jugadores rivales y amenazarlos no está bien. No es ejemplar. Se mire por donde se mire.
Por eso, y porque dos no se pelean si uno no quiere, también me faltó autocrítica hacia los jugadores locales, que no debieron responder a las provocaciones con más leña. Y no, no fueron ellos a buscar a los aficionados, como el vídeo quiere hacer ver, porque varias veces intentan seguir de largo en su vuelta habitual al pabellón para chocar la mano con los niños mientras siguen siendo increpados. Sea como sea, tampoco es el mejor ejemplo para la cantera.
No se puede justificar la violencia. Ni siquiera porque sea la gota que colma un vaso hasta los topes por todas las situaciones desagradables que les toca vivir cada dos fines de semana. Españoles de mierda es lo más bonito que se les dice. Así que ahora espero que aunque solo sea para que me calle y para quitarles la razón a los llorones del Liceo, el comportamiento de la afición allá por donde vayan, empezando este sábado en Reus y siguiendo por la Copa del Rey, donde el Liceo podría cruzarse con el Igualada en semifinales (y si no sería el Voltregà), sea, esta vez sí, ejemplar.


