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El surf no es un crimen

El lema “surf is not a crime” (“el surf no es un crimen”) tiene décadas de historia, pero adquiere más solidez que nunca estos días en toda la comunidad. En Galicia está prohibido surfear no cuando hay olas grandes, sino cuando una errónea lectura de mapas meteorológicos lo dictan. Parece increíble, pero es cierto.

Si lo piensas detenidamente y te preguntas: “¿Qué es lo más fácil, rápido y efectivo ante el desconocimiento? Prohibir”. Si a una limitación le añades una compensación económica se convierte en un plan perfecto.

Desde hace años, por unos motivos u otros, en algunos países y casos muy específicos, ha sido necesaria la prohibición de entrar al agua, por ejemplo, por contaminación extrema. Esta prohibición tiene cierto sentido desde un punto de vista racional, pero, ¿qué está ocurriendo en nuestras playas?

Nos remontamos al origen. La cultura gallega ha vivido del mar desde los confines de la historia, pero también le ha dado la espalda en épocas oscuras. El mar ha sido siempre un símbolo de peligro y a los gallegos nos han educado bajo la frase “cuidado con la resaca”… con las dos. En un panorama de miedo, cuesta construir cultura. El surf tardó años en ser descubierto, los guiris con sus furgonetas llenas de tablas rodeaban atajando por el interior desde Asturias a Portugal directamente sin pasar por Galicia. Éramos un rincón desconocido, muy a desmano. El surf tardó un poco más en llegar que en otras zonas de España y de Europa, y ahora, en un momento de globalización sin fronteras de información, parece que volvemos a la cola.

En Galicia tenemos una de las costas más complejas de Europa, llena de rías y cabos que funcionan casi de manera independiente. Esto nos da muchas ventajas respecto al resto del mundo, estamos siempre más expuestos o más resguardados por nuestra geografía, según nos convenga. No importa que en A Costa da Morte haya olas gigantes, quizás ese día en A Mariña está el mar como un lago, siempre tendremos una ría, una playa en la que poder estar seguros haciendo surf. 

Entonces: ¿Por qué prohibir tajantemente las prácticas deportivas de forma global? ¿No habría que analizar la dirección de las borrascas y los vientos para predecir dónde el mar está realmente peligroso? Es posible que esto lleve un análisis exhaustivo de profesionales, así que la mejor solución es que alguien desde Emergencias o la Xunta emita un boletín de prohibición, los ayuntamientos ejecuten y así nos limpiamos todos las manos de responsabilidades.

Por otro lado, estar federado no significa saber surfear, pero significa que tienes un seguro de accidentes y de responsabilidad civil. Podría ser un comienzo.

No todo es negativo. Se ha empezado a desarrollar un proyecto para que se pueda analizar esto de manera más específica y las federaciones de surf, remo, vela y piragüismo están uniendo fuerzas para encontrar una solución y desarrollar un planteamiento coherente.

También debemos acordarnos de ciertos surfistas que necesitan condiciones “extremas” para desarrollarse como deportistas profesionales y no llegar a Hawai y tener que dar vuelta atrás.

En resumen, las alertas son de colores diferentes en cada zona marítima de Galicia. Lo que en el Orzán puede ser alerta roja, en San Amaro, Santa Cristina o en la ría de Betanzos puede ser el mejor día para disfrutar de un día de olas pequeñas.

Y no os preocupéis, las olas no van a llegar hasta la Plaza de Pontevedra. Podremos seguir de compras en la Plaza de Lugo sin nuestros kayaks.

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Yago Zapata, amante de las olas y el mar y campeón de España de surf en diferentes modalidades.

Surf en el Orzán un día de alerta naranja
Surf en el Orzán un día de alerta naranja
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