¡Hidalgo, quédate!
El deportivismo sigue a un equipo empeñado en sacarle cita en un frenopático o que al menos es capaz de generar sucesos paranormales que se alejan de lo cabal. El agónico triunfo en Zubieta propicia que el equipo recorte distancias esta jornada con Castellón y Almería, a los que iguala a puntos en la batalla por la segunda posición en la tabla. 49, nada menos, suma el Deportivo y no semeja descabellado concluir que parecen bastantes más de los que merece y algunos menos de los que debía de merecer a la vista del potencial del equipo y el de los rivales con los que se cruza.
Pero, por lo que sea, todo transcurre de manera revirada. Ante la Real Sociedad B el equipo desplegó durante largos minutos un juego ramplón y decepcionante, sin ideas, ni fútbol, con futbolistas en roles y posiciones que les incomodan, groseros errores que le penalizaron y sin capacidad para jugar en el campo de un filial que destila ternura, tanta que dejó escapar un partido que tenía más que controlado a partir de una expulsión absurda que precedió a un inusitado temblor de piernas. Con todo perdido y la grada deportivista sacando el machete para corear el “¡Hidalgo vete ya!”, el técnico dio un volantazo hacia su cuarta opción en la delantera en un mismo partido y encontró un golazo. Luego, sobre la hora, el mejor futbolista del equipo le llevó a la victoria con un gol en el que, como en el que abrió la velada, falló el meta local, que en el partido jugado por ambos equipos en A Coruña había estado excelso. La afición, que es sabia (que no es lo mismo que decir que lo sabía), resumió lo sucedido: “¡Hidalgo, quédate!”. El técnico al final, en una rueda de prensa en la que sonó desaborido, lanzó una advertencia que estremece: “Fue un partido como nos vamos a encontrar muchos”.
El entrenador cree que el equipo mejoró tras el segundo gol del filial donostiarra, afirmación sobre la que se pueden hacer varias reflexiones. La primera tiene que ver con la imposibilidad de jugar peor que hasta que se sufrió ese revolcón. El equipo se encontró un gol de salida, por momentos encontró fluidez para sacar adelante esa idea que le inculca el técnico y que aplica a machamartillo, la de combinar atrás para atraer rivales y encontrar espacios, el mismo libreto que tantas veces se le atraviesa en el segundo renglón y para el que se trajo a Riki, un excelente futbolista combinativo, a costa de sacrificar a otras piezas. Empató la Real en una acción que se podría catalogar como episódica y a partir de ahí todo viró. Decir que el Deportivo durante casi una hora fue un desastre ni es faltar a la verdad ni tampoco es un generador de energías negativas sino que es plasmar, reconocer y asumir una realidad a partir de la que se puede construir algo mejor. Y ese algo el equipo lo tiene en sus botas.
Pero a veces la fortuna llega para auxiliar. También hay que buscarla. Y por si acaso no sacar pecho cuando te guiña el ojo, entender que hay muchas cosas que se deben mejorar porque lejos de hacerlo se repiten de manera pertinaz. Ganó el Deportivo y a lo mejor hasta suena extemporáneo concluir que no lo mereció. Quizás hasta nos dé igual. El fútbol no es la mejor actividad para repartir justicia ni enfocar análisis desde una perspectiva racional. Se trata de emociones y de sentimientos, del cabreo que nos da ver jugar mal a nuestro equipo y el subidón que sientes cuando remonta con un gol en el 94 un partido que tenía perdido cuando entró en el último cuarto de hora. Eso es el fútbol, el que a las tres y media quiere despedir a Hidalgo y a las cuatro menos cuarto le pide que se quede.
