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El juego de este Deportivo dista mucho de ser el óptimo. Ya no digamos que sea vistoso sino más bien todo lo contrario, en las últimas jornadas ha acentuado su espesura hasta la máxima expresión.

El pasado sábado salí del estadio de Riazor intrigado acerca de la reacción de un respetable tras una victoria pragmática, trabajada, forjada en hierro. 

Las caras de los seguidores herculinos eran un auténtico poema. Nadie comprendía cómo un ramillete de —sobre el papel— notables jugadores no fuese capaz de asociarse de manera fluida ni de conformar un bloque sólido blindado ante los embates del adversario. 

Cierto es que el Eibar se marchó de A Coruña avalado por sus paupérrimos registros como visitante —el peor de la Liga Hypermotion—, sin marcar ni puntuar después de una nueva derrota, en este caso por la mínima (1-0).

Hasta ahí todo bien. Honestamente soy de la opinión de que los tres puntos conquistados por el Deportivo —en una nueva tarde de sopor y fárrago futbolístico— no se han valorado en su justa medida. 

Más si cabe después de calibrar el sufrimiento que otros candidatos al ascenso directo han experimentado el pasado fin de semana. El intratable Castellón pierde su liderato rescatando un empate in extremis, en el tiempo añadido, en el estadio Gran Canaria. El Racing de Santander, por su parte, se impone también por un solo tanto de diferencia al Burgos (1-0) en El Sardinero. El Almería acaba pidiendo la hora en un derbi andaluz entre escuadras enrachadas frente al Córdoba (2-1)... Por no hablar de una UD Las Palmas que ha encadenado siete jornadas sin vencer. 

Desde luego que el técnico Antonio Hidalgo y su plantilla son sabedores de los obstáculos que están encontrándose en el camino y de que el margen de mejora en sus próximas apariciones se presume muy amplio. 

Con los puestos de ascenso a tiro de piedra y el colectivo herculino ubicado en la cuarta posición, resulta hasta frívolo abrir un debate acerca del juego e incluso tener que escuchar silbidos en determinados momentos de los partidos de Riazor.

El entorno debe ser consciente de que, llegados a este punto, lo único que importa es no perder energía en la carrera por el ascenso. Estamos en un momento clave del curso, decisivo, donde los nervios no deben aflorar. Ni en el campo ni en la grada.

A nadie le importará que el Dépor haya aburrido a las ovejas en momentos puntuales en caso de que el club cumpla con el sueño de regresar a Primera ocho temporadas y mucho barro después.

A un paso de entrar en el último tercio del maratón liguero la unión debe marcar la diferencia. El fin justifica todo.

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QUINTANA