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Bong Joon-ho, el plan que nunca falla se llama Yeremay

El pasado domingo fue perfecto. Salvo por la sensación de cabeza embotada que me acompañó durante todo el día, a causa del catarro, todo lo demás salió de lujo. El Dépor se vengó del Albacete por cuarta vez desde el ‘Riazorazo’ de 2022 (con mucho sufrimiento en los minutos finales, pero eso no es noticia). Después, revisioné esa maravilla llamada ‘Parásitos’, ganadora de la Palma de Oro en Cannes y del Oscar a mejor película. Y cerré la jornada con la Super Bowl que peor se lo hizo pasar a Donald Trump, gracias al power latino encarnado en Bad Bunny en el descanso del partido. Perdieron los Patriots y solo de pensar en la cara (más naranja aún) que se le debió de quedar al infame presidente de los Estadios Unidos durante el espectáculo del medio tiempo, me hizo dormir con una sonrisa, casi una carcajada.

Cada momento del día mereció la pena, pero esos 132 minutos que dura la obra maestra dirigida por Bong Joon-ho fueron sencillamente deliciosos. Siempre que hablo del director surcoreano, no puedo evitar escuchar en mi mente la voz de Vero diciéndome, con sorna, “Parásitos, esa película que cuando la viste por primera vez comentaste que no era para tanto, pero que después de que Tarantino dijera que era una de sus favoritas, pasaste a describirla como una obra maestra y a decir que te encanta”. Igual me precipité un poco en mi juicio inicial, pero quién soy yo para llevarle la contraria a Tarantino en cuanto a cinefilia. Cierto es que, desde entonces, me he visto todos los films de Bong Joon-ho, incluidos los geniales ‘Crónica de un asesino en serie’ y ‘Mother’, y ha pasado a ser uno de mis directores de referencia.

Me pongo a escribir y me lío yo solo, pero toda esta reflexión viene porque en este nuevo visionado de ‘Parásitos’ me quedé con una sentencia que se me grabó a fuego. Tras una de las mejores escenas —que no pienso destripar—, Gi Taek, padre de una familia cuyos miembros están todos sin trabajo, le dice a su hijo Gi Woo: “¿Sabes qué tipo de plan nunca falla? No tener ninguno. Si haces un plan, las cosas nunca salen de esa forma. Sin un plan, nada puede salir mal. Y si algo se sale de control, no importa”. Y ahí es donde, lo siento mucho, pero te equivocas, Bong Joon-ho, porque sí existe ese plan que nunca falla y se llama Yeremay Hernández.

Justo el pasado domingo, como para demostrarle al director surcoreano que no lleva razón, el talentoso futbolista canario exhibió, una vez más (y ya he perdido la cuenta), esa clase que solo los privilegiados poseen. Esa calidad futbolística que la naturaleza regala a unos pocos para que estos hagan felices a unos muchos. Y ahí, vaya si el deportivismo es afortunado, que tiene la suerte de contar en su plantilla con uno de esos especímenes únicos que construyen sus carreras profesionales a base de goles imposibles, detalles técnicos mágicos y regates eléctricos.

24 minutos habían transcurrido cuando el ‘10’, tras una pared con José Ángel en la frontal del área, envió, de primeras, la pelota al fondo de la red con un remate ajustado al palo e imposible para el portero Mariño. Una vez más una genialidad de Yeremay abrió la lata, y ya van... Así que, Bong Joon-ho, sí existe un plan infalible y, gracias a él, el Dépor acaricia el ascenso directo.