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Ximo Navarro y el músculo más importante

Las piernas impulsan, patean y atacan los espacios. El tronco y los brazos sostienen, protegen y conquistan la posición. El cráneo y el cuello magnifican figuras para ganar balones sostenidos en el aire. Nuestro complejo aparato locomotor parece el gran protagonista en el fútbol moderno. La potencia, la velocidad, la envergadura y otras capacidades antropométricas suelen marcar la diferencia entre los que destacan y los que se quedan en el camino, claro. Pero es que incluso entre la élite más absoluta, el físico parece haber adquirido el papel de protagonista principal

Sin embargo, aunque aparezcan en el horizonte y de manera constante ciclos en los que se pueda dudar de ello, en el fondo de todo siempre habrá un factor que pesa más que el resto: la cabeza. Puede que en otros deportes no sea así, pero en el fútbol, el verdadero músculo diferencial no está en el tórax, en el abdomen o en el tren inferior: se encuentra en la cabeza y se llama cerebro.

Porque el balompié es una disciplina que exige constantemente tomas de decisión. Para ejecutar acciones técnicas, pero también para ir desarrollando paralelamente los movimientos tácticas que encajen dentro de lo que el juego demanda en ese momento.

Aunque sería demasiado simplista darle valor al cerebro únicamente como instrumento encargado de interpretar de manera las señales que se desarrollan en el césped. Porque, quizá, el valor diferencial de la mente está en sus posibilidades como elemento que mueve al deportista a través de la capacidad de esfuerzo, la resiliencia, la pausa o la confianza

No hay mayor factor que el psicológico para explicar el rendimiento colectivo e individual en el balompié. Ya lo sentenció Jorge Valdano con su célebre “el fútbol es un estado de ánimo”, metáfora que se puede aplicar de manera evidente a Ximo Navarro en particular y al Deportivo, en general. 

El lateral ha reconocido no haber podido volver a jugar hasta que su mente perdió el miedo a una lesión que ya no existía. Mientras, el Dépor debe seguir enfocándose en ganar confianza con balón y, a la vez, no perder el foco. El talento en las piernas está. Falta dotarle de continuidad. Ganar esa pausa que Hidalgo exigía y los jugadores reconocían como necesaria al término del partido. 

Ni isquiotibiales, ni cuadriceps, ni gemelos. Cuando se trata de competir y gestionar expectativas, no hay músculo más importante en el fútbol que el cerebro.