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No os dejéis engañar ni por el calendario, ni por la meteorología. Este no ha sido un mercado de invierno, por más que el Deportivo haya presentado nuevos fichajes mediada la temporada, en A Coruña ya no recordemos cómo se llamaba aquel astro que daba luz, y hayamos desarrollado branquias. El verano blanquiazul concluye ahora aunque las fiestas por venir sean las del Entroido y no las de María Pita. 

A Riki Rodríguez algunos lo teníamos por manchego, tanta era la reticencia del Albacete a desprenderse de su capitán y tanta la presteza a abrir la puerta a otros jugadores en idéntica situación. Como el centrocampista es asturiano y el empeño de Toché en retenerlo sin contrato más allá de junio parecía una lucha quijotesca, al fin aterrizó en diferido la pieza faltante que Fernando Soriano y Antonio Hidalgo podían esgrimir como excusa cuando el puzle deportivista no terminaba de encajar. 

Copia y pega con Álvaro Ferllo, que estaba con las maletas hechas en Sevilla siendo ya titularísimo en el Deportivo desde el mes de agosto: aunque no de cuerpo presente, sí en la mente de Hidalgo. Retuit con Altimira, el recambio necesario en el lateral derecho para el quebradizo Ximo tan pronto constatamos que la polivalencia de Loureiro y Noubi para actuar en la banda era menos necesaria que sus prestaciones en el centro de la defensa. 

Ninguna de estas incorporaciones, tan planificadas, tan anticipadas, tan, de algún modo sensatas, responde a lo que esperamos de un cambio a mitad de temporada. Cuando los equipos van al mercado invernal, lo que esperamos es experimentar una reacción entre sorprendida y envidiosa: “Uy, este se ha hecho algo, que te lo digo yo. Algún retoque. O se ha puesto pelo. Se le ve como rejuvenecido”. Detectar, en fin, otra energía

El rayo verde que todos persiguen es el delantero que mete goles. Si tal especie de la fantasía futbolera existe, lo normal es que no camine libre en el mes de enero. Y dado que el producto en cuestión, el ariete con gol, se vende siempre sin garantía, Nsongo Bil puede portar tantas papeletas para el rol como cualquier otro. O quizás alguno de los tres arietes en nómina (cuatro si encajamos a Herrera en el papel) desatasque algún día el bote de ketchup, la famosa metáfora que explica cómo a veces los delanteros están secos y otras veces manan tantos. 

¿Otra opción preferida? El sobre sorpresa. Alguien, sin importar el puesto, pero alguien que nos agite el interés, que no hayamos visto venir, que se cuele por los márgenes de la rumorología como un lienzo en blanco sobre el que proyectar el deseo de que se convierta en el héroe inesperado del ascenso. 

Por no haber, no ha habido ni recambio para Yeremay porque entraría en la categoría de capricho contratar a alguien para pelear por los escasos minutos que puede estar fuera del campo la principal figura del equipo. Tampoco se ha buscado un central inexpugnable, lo cual equivaldría a enmendar la gestión de una posición donde se hicieron tres cambios en cuatro puestos. 

Al cabo, la oficina de Soriano ha culminado en febrero lo que diseñó entre junio y agosto. No ha buscado revolucionar, sino consolidar. Es una forma implícita de decir que todo marcha según el plan. Y a mí, como a Hannibal Smith, me encanta que los planes salgan bien.