Mi cuenta

Las notificaciones están bloqueadas. ¿Cómo desbloquear?

Mi cuenta

Las notificaciones están bloqueadas. ¿Cómo desbloquear?

Hace ya varias semanas que el Deportivo ha optado por ubicar a sus aficionados en la grada de Preferencia Inferior en los encuentros del primer equipo femenino de la entidad, que milita en la máxima categoría del fútbol español. La visibilidad es perfecta, pero se trata de la única grada del estadio descubierta. Y ya se sabe que A Coruña es una ciudad en la que, de vez en cuando, llueve.

Tanto la temporada pasada como en los primeros encuentros de la actual, los aficionados se ubicaban en Tribuna Inferior, pero hace un par de meses se produjo un cambio que parece consolidarse. El club justificó la nueva ubicación "atendendo ás recomendacións do Regulamento de Televisión da competición", pero dejaba claro que "en caso de climatoloxía adversa, permitirase ao acceso á Preferencia Superior a aqueles afeccionados que o soliciten".

Este domingo, a la hora del inicio del encuentro de Liga F ante el Tenerife, en Riazor amenazaba lluvia. No hacía falta ser Santiago Pemán para pensar que las opciones de que en algún momento del encuentro hubiese que resguardarse eran elevadas. Sin embargo, para sorpresa de numerosos aficionados, no era posible acceder a la grada superior, la cubierta, en el inicio del encuentro. "Está cerrada. hay que ir abajo", esgrimía el personal del estadio. "Si llueve, ya se abrirá", añadían ante las quejas. Era un plan sin fisuras: si empezaba a llover, ya una vez mojados y con el encuentro en juego, los aficionados subirían a buscar un asiento.

Comenzó el choque, y a los pocos minutos, saltaba la sorpresa: en Riazor ya llovía. Empezó a rachas y de forma débil, pero la intensidad fue en aumento. Y ya en el tiempo añadido de la primera parte, mientras Millene era atendida sobre el terreno de juego tras llevarse un fuerte golpe y la colegiada revisaba la jugada en el VAR, se permitió al fin subir. La desbandada fue tan general como previsible.

Al margen de la incomodidad de tener que cambiarse de grada en pleno partido, con la dificultad añadida que suponer para personas de edad avanzada o con algún problema de movilidad, lo cierto es que también se obliga al espectador a elegir entre perderse parte del partido o mojarse. Y ya se sabe lo caprichoso que es el fútbol: un partido puede ser tedioso y aburrido durante 89 minutos, pero basta distraerse un segundo mirando el móvil para perderse el gol de la jornada. No parece razonable que esto suceda, ya que el aficionado paga una entrada o un abono para ver los partidos completos.

Y es que el seguidor que va a un estadio lo hace para disfrutar (o sufrir, en función de la actuación de su equipo), pero su función no es ocupar un asiento para que el plano televisivo quede bien. No es su problema que la grada se vea vacía. De hecho, situaciones como la de este domingo solo sirven para desincentivar la asistencia.  Porque mojarse por el Dépor está muy bien, siempre y cuando esa expresión no se tome al pie de la letra.