Viviendo en diferido
Al igual que le pasó a mi compañero Isra Zautúa hace unos días. A mí, ahora mismo, no me sale hablar en este espacio sobre deporte. SIN SER todavía del todo consciente de que Robe Iniesta ya no pertenece al mundo de los vivos, llevo más de 48 horas escuchando en bucle sus obras. Porque no deja solo canciones, sino obras de arte.
La vida tiene un extraño sentido del humor. Un día antes de su muerte vi un tweet diciendo que no hay que tener miedo de gastar en recuerdos (conciertos, viajes...), sino de envejecer y no tener historias que recordar con los ojos brillantes. El miércoles se fue Robe y yo solo pude pensar en ese mensaje. En que hace poco más de un año dejé pasar la oportunidad de verle en directo porque pensaba que iba a haber más. Ahora ya no podré verle nunca más en directo NI OÍR en primera persona esos rasgueos de guitarra tan característicos, esa voz desgarrada, esas letras con enseñanzas filosóficas o esos violines que dejan melodías que no hacen más que redondear sus obras.
Hablaba de hecho con Isra de que considero que todas las personas que escuchábamos a Robe y a Extremoduro con cierta frecuencia asociamos sus canciones a recuerdos y momentos de nuestra vida. En mi caso, me han acompañado en momentos muy felices. Siempre tendré en la memoria las noches de verano en el pueblo cantando a pleno pulmón Salir, Jesucristo García o So Payaso. Pero también me han acompañado en momentos muy bajos. En esos sonaban otras melodías, como las de Nana cruel, Guerrero, El hombre pájaro, Caída libre o La canción más triste.
Él concretó la fecha de su muerte con Satán, pero nos deja huérfanos demasiado pronto y de manera inesperada de sus letras, de su música y de su filosofía. Sus canciones seguirán yendo conmigo allá donde vaya, pero también lo hará el debe de no haber comprado esa maldita entrada cuando tuve la oportunidad. Esto me ha enseñado que no puedes NI DAR por sentada la vida.
Robe lo tenía claro: “No puedo perder nada, que vengo de la nada y solo vivo provisionalmente”, pero para sus fans era inmortal. Esos mismos que lo harán eterno, tal y como está quedando demostrado estos días con las redes están plagadas de mensajes y recuerdos y el top 50 de Spotify en España de sus canciones.
Hasta siempre, siempre, Robe. A mí y a muchos otros nos dejas buscando nuestro destino, viviendo en diferido, sin ser, ni oír, ni dar…

