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La secta de los palitos

12/12/2025

“Vas a estar en lo cierto”, me sorprendió mi marido el otro día volviendo del oculista. Música para mis oídos. Aunque aún no tenía ni idea de en cuál de tantas cosas en las que me creo con razón había optado por cedérmela. Finalmente, lo que había pasado era que la médico que evaluó la vista de nuestro hijo, viéndole el abrigo de su equipo de hockey, le dijo que los suyos también habían jugado y, casualidades, incluso compartían entrenadora. Así que cayó rendido a mi teoría de que la mayoría de las personas de A Coruña tienen relación, de primera, segunda o tercera mano con el hockey sobre patines. Algo así como la teoría de los seis grados de separación que dice que todas las personas del mundo estamos conectados por una cadena de cinco personas. A este fenómeno que se da en la ciudad él le llama la secta de los palitos. Yo sigo trabajando en un nombre con un poco más de glamour. Pero es algo que tengo comprobadísimo. El hockey no es un deporte minoritario en la ciudad sino uno profundamente arraigado en la sociedad coruñesa, lo que nos une. 

En el médico, de compras, con el fontanero, en una cena de trabajo... en diferentes ámbitos y con distintas personas, el tema en común acaba siendo el hockey. Incluso haciendo las entrevistas de la sección Fuera de Juego lo pude comprobar. Muchos personajes que no son conocidos por el deporte, su relación con este es el hockey, como el caso del cirujano Diego González Rivas o el productor musical Nonito Pereira. El hockey, de una manera o de otra, por un barrio o por otro, acaba apareciendo en la conversación. 

Tengo la teoría de que la mayoría de las personas en A Coruña tienen relación de primera, segunda o tercera mano con el hockey sobre patines, algo así como la de los seis grados de separación 

El hecho de que se juegue en cinco colegios (Liceo, Dominicos, Compañía de María, Obradoiro y Santa María del Mar); los éxitos en verdiblanco, con muchas personas pasando cada fin de semana por el Palacio de los Deportes de Riazor creando historias y recuerdos; los años de gloria en blanquinegro, afianzando ese sentimiento de pertenencia; que existan clubes como el Borbolla, en Monte Alto, y el Riazor, para el otro extremo de la ciudad, que abren el deporte a todos esos niños que no pueden disfrutar de esto en sus patios... Las garras de los sticks se van extendiendo y hay hasta cuatro tiendas especializadas en patines en la ciudad. Lo que no entiendo es por qué después no es algo que se vea reflejado en el día a día de las gradas de los partidos de los equipos coruñeses, en especial del Liceo, que es su punta de lanza. Supongo que quien sepa resolver ese misterio dará con la tecla de cómo volver a llenar el Palacio, si bien en las grandes citas se nota ese tirón y si bien hay que reconocer que en los últimos años se palpa un crecimiento. 

Aficionados del Liceo en el partido contra el Sporting
Aficionados del Liceo en el partido contra el Sporting
Patricia G. Fraga

Yo llegué al hockey por casualidad. Muchas veces me han preguntado si he jugado o tengo algún familiar que lo hiciera. Nada. Puede que la explicación sea porque no pasé mi infancia en la ciudad, sino en Lugo, donde los reyes eran el Breogán y el baloncesto y los de mi generación ni siquiera le prestábamos atención al fútbol, como mucho al fútbol sala con el Azkar. Dentro de un mes se cumplirán 16 años de la primera vez que vi un partido en directo del Liceo. Desde entonces casi no me he perdido ninguno. Justo el último. Pero ya estoy completamente sumergida en el mundo. En la secta.