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Vaya por delante que entiendo lo difícil que es gestionar la frustración cuando las cosas con las que uno se juega el pan y la reputación no salen como se desea. 

No debe de ser fácil convivir con la presión que imponen masas sociales gigantescas y clubes con exigencias fuera de guion. Aficionados y dirigentes de las entidades piden resultados inmediatos, muchas veces sin entender el significado de la palabra proceso o la lógica interna de un juego que debe de ser de los pocos en los que no siempre gana el que mejor lo hace. 

Estas demandas fuera de contexto son entendibles desde la perspectiva del aficionado, pero no tanto cuando quienes las imponen son aquellos que mandan. Al que dirige se le presupone conocimiento y comprensión en la materia sobre la que trabaja. Pero ya sabemos que, ni mucho menos, es siempre así. 

Con todo eso y el añadido de la gestión de 25 egos tienen que convivir día a día los entrenadores. ¡Como para no ponerse en su piel! Sin embargo, una cosa es ser empático y otra muy diferente  aceptar pulpo como animal de compañía.

Al término del Albacete-Deportivo, Alberto González disparó con dardo al VAR y, por ende, al arbitraje. A su favor, cabe destacar que no es la primera vez que lo hacía. En su contra, que curiosamente todas las veces que una rápida búsqueda en la hemeroteca permite encontrar ‘rajadas’ del técnico andaluz contra el videoarbitraje vinieron acompañadas de derrotas. Será casualidad. 

Obviamente, las opiniones que están en contra del VAR son válidas. Faltaría más. Ahora bien, una cosa es entender las críticas al sistema de revisión por vídeo y otra muy diferente comprar discursos como el de Alberto González, que el pasado sábado llegó a asegurar que “el VAR es una desgracia para el fútbol”.

En el balompié la memoria es muy corta en todos los sentidos. Y esa amnesia debe de afectar a quienes cargan con semejante rotundidad contra un sistema que, para empezar, ha ayudado a minimizar al máximo las polémicas en lo referente a los fueras de juego o goles fantasma. ¿Se acuerda, querido lector, de cuánta frustración y cuántos ríos de tinta se movía por errores humanos que acababan con una situación de fueras de juego grotescos convertidos en goles legales? 

Por suerte, eso ha pasado a mejor vida. Tanto que ya parece cosa del siglo pasado. Aunque quizá González preferiría seguir tirándose de los pelos cuando a su equipo le anulasen un gol legal. O que le pitasen un penalti en contra cuando no hay ni contacto, como estuvo a punto de pasarle al Deportivo en el Belmonte.

El VAR no es perfecto porque, básicamente, está dirigido por personas y debe afinar sobre jugadas que no siempre son totalmente objetivas, de sí o no. Siempre hay margen de mejora en lo logístico. Pero sentenciarlo hasta el extremo del negacionismo vendría a ser casi como censurar la telefonía móvil. 

Quizá recuerde con cariño aquel tiempo sin dispositivos de bolsillo que nos conectan las 24 horas, pero es evidente que la tecnología nos hace la vida más fácil en muchos aspectos. También el VAR. Puede que no sea lo mejor que le ha pasado al fútbol. Pero, en mi opinión, se le acerca bastante.