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Bebeto causa sensación en la ciudad

El 17 de junio de 1992, en plena Expo de Sevilla y en las vísperas de las Olimpiadas de Barcelona, me fui a la capital andaluza a vivir el partido de fútbol más agobiante de la historia. Iba a decir que radié ese partido, pero no es cierto. La última media hora lo único que hice es dar el minuto y el resultado, que siempre era de 0-0.

El Deportivo había contratado como entrenador para Primera División a Marco Antonio Boronat, que fracasó estrepitosamente. Apenas ganó cinco o seis partidos cuando la Semana Santa hizo su irrupción en abril de ese año. Lendoiro volvió a recurrir a Arsenio. El de Arteixo consiguió empatar 4 partidos, perdió 2 y ganó otros tantos con especial mención a la última jornada que ganamos en el Sadar 0-1 con gol de Kiriakov. Eso nos permitió no descender automáticamente aunque tuvimos que enfrentarnos a una fase de “promoción”.  Rival, el Betis que deseaba subir a Primera a toda costa. En la ida Kiriakov volvió a marcar junto a Alberto Albístegui y al Benito Villamarín que nos fuimos con esa exigua diferencia. De un gol.

En Sevilla ya sufrimos para entrar en el campo porque no dejaron acercar mucho a la puerta al autocar que llevaba a la expedición. Nosotros también pasamos por ese pasillo humano de rivales que no eran muy amables. Me dicen que el partido duró noventa y pocos minutos. A mí me parecieron seis horas. Y para acabar, un individuo de esa magnífica afición me pegó un palo en la cabeza con lo que parecía ser un soporte de fregona.

Felipe Mesones, entrenador del Betis, estaba sentenciado a perder. La temporada anterior preparaba al Murcia al que en la última jornada les birlamos el ascenso.

Numerosas caídas en el área para complicar la labor del árbitro que era el castellonense Ansuátegui Roca. Que no picó. Pero lo bueno vino después del partido. Después de que Arsenio, abrazado a Martín Lasarte, le soltara aquello de “¡Cuánto sufrimos, Martín!”, me voy al pasillo de vestuarios y me encuentro a Galera Davisón, presidente de los verdiblancos, quejándose amargamente porque su club seguía en Segunda División. Detrás estaba Lendoiro. Le acerco el micro, respira, suelta un poco de tensión y me dice “lo bueno viene ahora”. Atónito le pregunté a qué se refería porque no entendía que hubiera algo más importante que el Deportivo se quedara en Primera.

Me apuntó que el hecho de haber conseguido esa gesta permitía el fichaje de Mauro Silva y Bebeto. Del primero me sonaba a brasileño. Del segundo me sabía hasta su nombre completo: José Roberto Gama de Oliveira. Pensaba que había fichado por el Borussia Dortmund. Lo normal, me aseguró, es que venga, porque si estábamos en Primera me dio su palabra de que venía.

Ayer pasé un rato genial con el brasileño. Si se tiñe el pelo está con pinta de dar todavía alguna patada al balón. Su amor por A Coruña está a prueba de toda duda. Y me dijo una frase que se me quedó grabada: “Sabía que venía a un equipo pequeño”. Totalmente de acuerdo. Djukic, Liaño, Nando, Aldana, y otros cambiasteis la historia y sobre todo Mauro, Fran y tú, Bebeto, lo convertisteis en un GRANDE.