¿Qué hacemos con el bocadillo?
El protagonista de este domingo en Riazor en el partido ante el Ceuta no será Oito, tampoco lo será Yeremay ni ninguno de los futbolistas que salten al campo. Tampoco caerán los focos sobre el árbitro, Gorka Etayo Herrera, un recién ascendido a Segunda con el que el Dépor no ha perdido las dos veces que le ha pitado.
No lo será la ola, si recorre las gradas de Riazor, ni los valientes aficionados caballa que acudan al estadio coruñés. El verdadero must este mediodía será el bocadillo. Porque esta jornada y dentro de quince días al Dépor le toca jugar de nuevo en Riazor a las 14 horas ante la Real B. Un horario extraño, que obliga al aficionado a enfrentarse a una dicotomía: u opta por un brunch, lo que aquí conocemos como un desayuno fuerte, o acude al templo herculino con el tradicional bocadillo.
Pero aquí vuelven de nuevo las dudas, porque el abanico de posibilidades es amplio a la hora de elaborarlo. Y todo depende del hambre de cada uno: tortillla, fiambre, optar por un pepito y darle consistencia con un filete de ternera... Pero ojo, porque también es importante el contexto y en una grada, sin posibilidad de apoyarnos en nada, hay que huir de ciertas salsas y aderezos que puedan acabar sobre nuestra ropa durante el fragor de la batalla.
Porque esa es otra cuestión que nos tenemos que plantear, ¿nos lo tomamos antes, durante o después del partido? Si el hambre aprieta se puede optar por empezar a degustarlo antes de que comience la contienda. El problema es que si lo hacemos con mucha anticipación es probable que nos rujan las tripas en mitad del partido y tengamos que acudir a por víveres a las barras del estadio herculino.
Si lo hacemos durante el choque y somos de los que vivimos con pasión los encuentros podemos acabar lanzando nuestro bocadillo en medio de la celebración del gol o mientras lanzamos un improperio al árbitro o en el instante en el que lamentamos una ocasión fallada.
El descanso puede parecer un buen momento para desenvolver nuestro bocata y comenzar a darle mordiscos. Pero puede suponer una carrera contrarreloj y podemos acabar con una bola en el estómago producto de un mal masticado. Si somos capaces de comer sin prisa pero sin pausa nos quedará tiempo en la segunda parte para, como si de una sobremesa se tratase, digerir la comida mientras comentamos el partido con nuestro compañero de al lado en la grada.
Degustar nuestro bocadillo al final del choque puede no ser una buena idea si el Dépor ha perdido. En ese estado de cabreo, de desconcierto ante la derrota y posiblemente con los ánimos caldeados podemos devorar nuestro bocadillo sin piedad. Y al final acabaremos con ardor de estómago y cabreados. Y si el Dépor ha ganado nos va a saber a poco y querremos acompañarlo de una copiosa merienda. Así que, la pregunta es clara, ¿qué hacemos con el bocadillo?
