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Frankenstein o el eterno retorno a Cano

Todos los caminos conducen a Óscar Cano. Cada temporada, como si una fuerza imparable nos empujara hacia él, retornamos al granadino. Solo dirigió al Deportivo en 29 partidos de Primera RFEF y uno de la Copa del Rey, pero durante su breve estancia en A Coruña, entre octubre de 2022 y mayo de 2023, dejó una huella difícil de borrar. No de manera positiva, precisamente, pero grabada con tinta permanente, casi eterna. Sus argumentos contradictorios, pero, sobre todo, su sentencia sobre Rubén Díez y el Mundial de Qatar y, más aún, su ostracismo a Yeremay le llevaron a formar parte del imaginario colectivo del deportivismo para siempre y, en el caso de su trato hacia el ‘10’, convertirlo casi en un enemigo público número uno de la afición blanquiazul.

Hacía meses que ya no pensaba en Cano. Para ser sincero, ocho exactamente, desde que le dediqué mi anterior artículo de opinión. Pero la visita del Ceuta a Riazor este domingo, con el regreso a A Coruña de los exdeportivistas Rubén Díez y Kuki Zalazar, inevitablemente ha desenterrado la figura del preparador andaluz de donde estuviera sepultado en mi memoria. Tampoco debía estar tan enterrado, cuando a la primera oportunidad vuelve a salir a la superficie, pero seguro que más que los cadáveres que recolectó Víctor Frankenstein para crear su famoso monstruo, llevado al cine de nuevo en la reciente y sensacional versión del director mexicano Guillermo del Toro. Esto último no viene demasiado a cuento, pero vi la película hace dos días, me encantó —como suele sucederme con todas las historias de este cineasta— y tenía que recomendarla. Eso sí, os aviso que pasaréis un miedo similar al de recordar la etapa de Cano en el Dépor.

“A Rubén le define su capacidad intelectual. Le falta el físico. Si no, no podríamos disfrutar de él. Si a Rubén Díez le dan el físico de un futbolista profesional promedio, estaría en Qatar ahora mismo, o habría que fusilar a Luis Enrique por no haberlo llevado”. Eso dijo Cano en diciembre de 2022, y se quedó tan ancho.

Hay que reconocer el talento del mediocampista aragonés, ahora convertido en el motor del Ceuta. ¿Es mejor que lo que mostró en el Deportivo? Seguro, pero de ahí a fliparse tanto como el entrenador andaluz va un abismo.

Dejando al margen las alucinaciones, filias y fobias que cada uno podamos tener, lo más sangrante fue lo que le tocó padecer cuando estuvo a las órdenes de Cano al premiado como mejor futbolista de Segunda División de la temporada pasada por la AFE y el jugador con una mayor valoración en la actualidad.

Cero partidos como titular jugó Yeremay con el granadino como técnico del Dépor. Y 197 fueron los minutos que pisó el césped durante aquellos ocho meses.

Los experimentos del doctor Frankenstein no acabaron bien, del mismo modo que tampoco lo hicieron los de Cano en el Deportivo. Veremos cómo le va en el Zamora.