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Periodismo de bufanda

19/11/2025

Mire, estimado lector, no se trata de pasarme por aquí para intentar convencerle sobre lo duro que es ser periodista cubriendo a uno de tus equipos. Al contrario.

Me considero uno de esos privilegiados que puede trabajar de lo que le apasiona. Que tiene por sustento vital algo que para él es casi un ‘hobby’. Y que encima —y esto es clave—, ha caído en un lugar en el que le permiten desarrollar enfoques más analíticos. Para alguien que ahora, con la perspectiva que dan los años, tiene claro que se hizo periodista más para poder vivir más del fútbol que de las noticias que se desarrollan en torno a él, esto es una bendición.

Pero dicho esto, que el protagonista de tus piezas sea el equipo (uno de los equipos) que llevas en el corazón, tiene un punto de complejo equilibrio.

No se trata únicamente de no poder acudir al estadio como un aficionado más. Es, más bien, tener que lidiar con un constante juego de contrapesos

Manejar la euforia en los buenos momentos y no caer en la frustración en los malos. Acercarse a la realidad desde la mayor asepsia posible. Y entender que lo que digas, sobre todo si está fuera de tono y es negativo, puede tener una decisiva repercusión. Tanto en la realidad del club como en la vida de profesionales que no solo compiten por el bien de la entidad que les paga, sino por la positiva evolución de su corta carrera.

Quizá ahora me entienda un poco más cuando le digo que el Dépor gana y regresa al liderato pero yo, pobre de mí, no puedo quitarme del cuerpo esa desagradable sensación de desasosiego.

Evidentemente, me alegra que el equipo venza y vuelva a comandar la clasificación. Una semana menos, tres puntos más. Ideal. Sí, pero no. Porque quien lo hace es mi versión de aficionado, esa que solo sale a relucir en los escasos momentos de máxima efervescencia. 

Por eso mismo no logro vivir con la misma exaltación que usted (y es una putada, créame) esta buena racha de victorias. Porque lo que vi en Córdoba, no me convence. Y así lo debo transmitir, desde un humilde análisis que, como debería ser casi obligado, me he empeñado en dotar de argumentos a través de formación para poder sustentarlo. 

Si escribo todo esto es, en parte, porque el pasado lunes tuve la oportunidad de colaborar en el programa que realizan mis queridos amigos de riazor.org. Durante el mismo, y siempre desde el respeto, no eran pocos los usuarios que comentaban en el chat en directo que éramos (era) excesivamente críticos después de haber ganado en el Arcángel. Que sobreanalizábamos.

Entiendo el punto, claro. Pero no dude nunca que muchos de los que nos dedicamos a hablar profesionalmente del Deportivo somos también aficionados del club. Claro que nos alegramos de sus éxitos. Porque además, que al Dépor le vaya bien equivale que a nuestro medio de comunicación, también. Pero no podemos —no debemos— acercarnos a la actualidad desde esa perspectiva. Porque entonces, estaríamos cayendo en aquello de lo que probablemente tanto usted como yo renegamos: el periodismo de bufanda.

A mí no me verán en ese bando. Prefiero los grises y la crítica constructiva y honesta, desde el análisis que debo hacer. Incluso si es impopular. Porque así, además de vivir feliz, podré dormir tranquilo.