Y de pronto eres ESE equipo
La última década de fatalismo que ha vivido el Deportivo y ha sufrido el deportivismo ha llevado a muchos seguidores a mirar con una mezcla entre rabia y envidia a numerosos rivales que, sin saber muy bien cómo, terminaban encontrando la manera de ganar partidos y, como consecuencia final, alcanzar el éxito. Pasó con aquellos Osasuna y Granada de Segunda en la temporada de Natxo González, aquella en la que Jagoba Arrasate presagió que el equipo blanquiazul ascendería sí o sí. Siempre fue mejor entrenador que adivino el vasco. Pasó, más recientemente y en el barro, con los dos ‘Racings’, el de Santander y Ferrol, que consiguieron salir antes del fútbol profesional a base de seriedad, sí, pero también de momentos de fortuna puntuales y un buen saco de goles marcados en el descuento. Mientras, el Dépor era ese equipo ‘riquiño’. Jugaba bien, por momentos parecía que estaba muy por encima, pero siempre pasaba algo.
Un poco lo que sucedió al inicio de esta temporada. Un equipo exuberante, que atropellaba rivales con la suficiencia del gran candidato a llevarse el premio gordo. Hasta que pasó algo. Cinco encuentros sin ganar en los que parecía que, una vez más, el cuadro blanquiazul se caía sin poder explicar muy bien cómo. Tan difícil se me hace explicar también la forma en la que el cuadro herculino ha enlazado ahora tres triunfos. Fútbol, supongo. Encontrarse por el camino a rivales como Zaragoza y Cultural ha ayudado, claro, pero he visto suficiente ‘Hypertensiones’ como para saber que cualquier partido es una bañera llena de pirañas.
Y ahí está el Dépor. Algo de pizarra por aquí, destellos de magia de sus mejores futbolistas allá… y hasta jugadas grises desde el punto de vista arbitral cayendo de su lado en situaciones puntuales, algunas bien entrado ya el tiempo añadido. Antonio Hidalgo y los suyos salieron victoriosos del Arcángel después de permitirle al Córdoba 22 disparos y marcar sus tres goles en los únicos remates propios. Y ahí está el Dépor. Líder. Porque sí, el Dépor se ha convertido en ESE equipo.
A falta de saber si es la realidad o hay algo más que se escapa al ojo inexperto de quien firma estas palabras, sería recomendable no entregarse a esta dinámica de ganar sin poder explicar muy bien el porqué. No se confundan. Uno no le hace ascos a esta buena ola que permite ganar tiempo para encontrar confianza, la confianza que el equipo todavía no tiene para manejar la pelota con ventaja en el marcador y con un hombre más sobre el verde. Pero difícilmente será surfeable hasta el final. O sí. Quizá esta nueva condición del equipo que todos odian, pero que todos quieren ser, haya llegado para quedarse.

