Córdoba: salmorejo, Montilla-Moriles y... fútbol
En Córdoba radié mi primer partido, de cientos, la mayoría del Deportivo. Fue en mayo de 1981. 2ª B, Grupo II. Córdoba-Zamora en el viejo El Arcángel. No teníamos ‘retorno’, por presupuesto, de tal manera que yo no escuchaba a nadie de mi emisora. Contaba hacia atrás a la hora pactada y “empezaba a largar”. En el minuto 17 de partido Fernando Sosa Saavedra, árbitro canario, manda a los jugadores al vestuario porque caía una enorme granizada. Y yo ‘largando’. Algo más de un cuarto de hora estuvo el partido suspendido. Acabó 0-0 y el Zamora, que estaba apurado, acabó salvando la categoría.
Al equipo castellano lo habían incluido en el grupo II por una cacicada de un presidente del Hospitalet que fue polémico y medio famoso. Autobús (el de Benito) en un viaje de 600 kilómetros sin un metro de autovía, por la Ruta de la Plata y la sierra de Cerro Muriano, y Del Valle, el onubense lateral derecho de los rojiblancos, harto de tantas vueltas, gritó al conductor “¡Benito, antes de llegar al hotel danos unas curvas más!”.
A lo largo de estos años he vuelto muchas veces. Una de ellas radiando el final de una etapa de Vuelta a España con 49 grados en algunos termómetros callejeros y nosotros metidos en una cabina de un camión sin ningún tipo de aire acondicionado. Ese día, cuando me dirigí a hacer el check out en el hotel le dije a la recepcionista, “me cobra, por favor”, a un señor que salía de un despacho interior. Era Antonio Catalán, que nos saludo amablemente por la broma. Dueño de la cadena hotelera AC en uno de cuyos hoteles estábamos hospedados.

Córdoba es una ciudad magnífica. Es de las que no hay que perderse. De las primeras veces, todo el mundo, aparte de la Mezquita, nos hablaba de El Caballo Rojo, un templo gastronómico que cerró un par de años después de la muerte de su dueño y fundador, Rafael Escribano. Ahora lo reabrió su nieta María. Famoso por el rabo de toro, pero cualquier cosa de aquella carta estaba riquísima. Próximo existe una taberna de la cadena Mezquita, la de Céspedes. El salmorejo allí es un arte. Y la tortilla de camarones para acabar con el pastel cordobés (hojaldre relleno de cabello de ángel con canela). Allí conocimos, la última vez, a un primo de Paco Jémez que nos trató muy bien. Ambos, junto a la Iglesia Catedral. La Mezquita. Que tiene una visita, o varias. Sobre todo, guiada y nocturna. Es una auténtica maravilla hispanomusulmana (arte omeya) con detalles góticos y renacentistas en la construcción añadida cristiana. Impresionante.
Luego hay decenas de lugares para visitar. Sin duda, el primero es Medina Azahara, a 8 kilómetros de la capital. Se trata de un yacimiento arqueológico de una ciudad palatina del siglo X en época de Abderramán III, cuya amada echaba de menos su tierra (Sierra Nevada) y el califa ordenó plantar miles de almendros, que en flor, dibujaban un paisaje blanco como la nieve.
Imprescindible también darse un paseo por la Judería. Barrio entrañable donde se encuentran numerosos establecimientos hosteleros. Puede tomarse una cerveza y una tapa o te encuentras con Baños Árabes de Córdoba que son establecimientos antiquísimos donde disfrutas de piscinas a todas las temperaturas.
Por cierto, en esos bares se pueden degustar los famosos vinos de Córdoba, Sobre todo el Montilla-Moriles con distintas variedades o el Palo Cortado, único. Zona también, si les gusta, para asistir a un tablao flamenco, de los de verdad.
Córdoba es una visita muy recomendable.
