Volvió el rock and roll
A principio de curso, solicitaba que se cambiase el discurso de “competimos bien”, al cual suelen apelar los que pierden, por el de ser protagonista en la liga. La verdad es que el Leyma lo está haciendo. Y de forma magistral. Ya en pretemporada mostró unas hechuras que no solo generó ilusión, sino que, con un estilo de juego diferente, divirtió y despertó emociones.
Contra el Fuenlabrada fue la mejor puesta en escena del equipo. Desde el plan de partido, dejando en fuera de juego a sus dos estrellas, Benite y Mateo Díaz, y desarbolando a un equipo que no había perdido, con una generosidad de esfuerzo digna de encomio, que ‘metió’ en la cancha a los casi 5.000 aficionados y despertó el orgullo de pertenencia que los coruñeses mostramos cuando ganamos.
La semana pasada, uno de los partidos más complicados, en la pista del Estudiantes. Cierto es que el Leyma se había ganado el derecho a tener confianza. Si se perdía, se perdía una oportunidad, pero manteniendo el protagonismo en la liga. Y ganando, resulta que nada se ha ganado más que un partido. Importante, sí, pero nada más, ya que solo se ha cubierto el 22% de la liga regular, esto es muy largo y en una temporada pasan muchas cosas.
Hay que mantener la ilusión y disfrutar del baloncesto que nos regala un equipo que no entrega la cuchara fácilmente. Se vio en Madrid. Tres primeros cuartos muy planos, con escaso acierto en el tiro exterior; el tempo del partido lo marcó Estudiantes; en defensa, no se llegaba a los tiros liberados; en el juego interior se defendió siempre con falta, y sin el poderío habitual en el rebote, lo que impedía correr —una de las señas de identidad— a los jugadores de Carles Marco. Para colmo de males, se lesionó Brnovic y Cuevas fue expulsado. Y once abajo al inicio del último cuarto.
Y ahí el jefe despertó a la banda. “Vamos a jugar como entrenamos”. De repente, el director Pacheco puso la banda a tocar un rock electrizante. En defensa, asumiendo riesgos. Cambió por completo el ritmo del partido. Y un 3+1 de Jou despertó las energías contagiosas de la banda, y ese gen de no regalar nada y darlo todo. Y el grupo empezó a disfrutar con su baloncesto. El que quiera la cuchara, tiene que hacer mucho y entender que, con el Leyma, los partidos duran 40 minutos.
Es posible que el staff y los jugadores no sean conscientes de lo que están generando en la ciudad. Los partidos de fuera los suelo ver con varios amigos en un local al que va mucha gente a verlos. Lo del domingo pasado, para este jubilado del baloncesto coruñés, fue como un sueño. La gente dando saltos, los últimos minutos los vivimos de pie... La alegría del final fue inenarrable. Gracias.
No quiero terminar sin una referencia al consejo directivo. Al final de la temporada pasada, yo pedía que tomasen decisiones y que actuasen. Ahora, ante la crisis suscitada por Mencía, el consejo actuó con celeridad. Y con diligencia con el reemplazo del jugador. Y si lo anterior valió para aprender, démoslo por bueno.
