Sé tu mejor versión
A punto de cumplirse un tercio del campeonato, toca decidir cómo miramos a este Deportivo. Si con positivismo o con positividad, una elección que, sonando similar, diferencia a los que no se fían de los que sí.
Mi yo positivista, el que solo atiende a aquello que puedo comprobar por mí mismo, levanta la ceja tanto como lo hace Antonio Hidalgo en las ruedas de prensa cada vez que advierte un aire de suspicacia en las preguntas de la canallesca y se tensa. Me explica el míster que “el bache está finiquitado” y, rendido a la evidencia matemática de dos victorias ligueras seguidas tras cinco encuentros sin conseguir el triunfo, yo le doy la mano. Pero, lo sabe él mejor que yo, para bien o para mal en el fútbol hay resultados que no lo explican todo.
No fuimos pocos los que, no queriendo pecar de soberbia tras golear a la Cultural Leonesa y con ese cuerpo raro que se te queda al salir de Riazor tras un encuentro así de plácido, eso que sucede con tan poca frecuencia, no nos sentíamos del todo satisfechos. Quizás fue cosa de que el Dépor puso más goles que juego para ellos, o de que el rival colaboró con una generosidad inaudita, pero este equipo victorioso en Zaragoza y en casa no se acercó a las cotas de aquel punto álgido de finales de septiembre, cuando estallaba en raptos de inspiración futbolística ilusionantes. Aquello sucedió, lo conocimos empíricamente. Y por eso ahora comparamos.
Mi yo positivo, el optimista que encuentra señales favorables por todas partes, es el que más me cuesta manifestar así en la vida como en el deporte (a ver si va a resultar que le llamamos “¡Cuánto sufrimos, Martín!” al podcast por casualidad). Despojado de cinismo, me susurra que, con bache y todo, estamos de lleno en la lucha por el ascenso a Primera División, donde queríamos estar. Me recuerda que Yeremay, Mario Soriano, Mella y Luismi Cruz juegan en el Deportivo y no en los equipos rivales. Tira de estadística y me señala que poseemos el mejor golaveraje de la categoría. Me pide que atienda más a la facilidad goleadora de Zaka y no tanto a sus tardes más torpes. Me anima a soñar que, como escribió Billy Wilder, “nadie es perfecto” y, por tanto, que podemos mejorar. Por supuesto, se calla que también podríamos empeorar, pero os recuerdo que estamos hablando de mi yo positivo.
Circula por internet la idea de que Nelson Mandela acuñó la frase “Sé la mejor versión de ti mismo”, como si no hubiese tenido cuestiones más importantes a las que atender que serigrafiar tazas de Mr. Wonderful. Sea quien sea la persona que encontró esa piedra sobre la que edifican sus estafas piramidales los criptoinfluencers musculados de los años 20, el lema ha calado hondo en un mundo empeñado en elevar a ciencia las soft skills y el coaching. Como a mí todo eso me da un poco de rabia, cuando pienso en el Dépor que será en lo que queda de torneo, digo que sí, que confío en que este equipo quizás no necesita ser la mejor versión de sí mismo, aquella que enseñó y después perdió, para hacer lo que ha venido a hacer. Que esta versión, que no es un muro defensivo pero encaja casi como el que menos, que no siempre domina pero golea casi como el que más, puede bastar.
Joan Laporta pronunció allá por 2008 aquello de “¡Al loro! ¡Que no estamos tan mal!”, y ahí sigue, palanca a palanca. Este Dépor no está tan mal. Y no precisa palancas.
