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La cola de león de Luismi Cruz

A lo largo de las últimas temporadas, especialmente en los años del barro, hemos asistido a la relatividad del fútbol. O, más bien, de los futbolistas. No es lo mismo ser bueno, que ser bueno en el Deportivo. Por eso muchos jugadores que llegaron a Riazor después de ser punteros en proyectos de bronce en los que ejercían como cabeza de ratón de la categoría, cogieron la bolsa y se diluyeron, con más o menos dignidad, cuando le tocó ponerse la cola de león.

Dependiendo de cómo evolucione el proyecto del Dépor a medio plazo, es probable que este proceso vuelva a repetirse también en plata. Siempre habrá excepciones, claro, como la que apunta a ser Luismi Cruz. Después de acaparar los focos en un equipo que se fue al pozo tras un curso desastroso, pero en el que el andaluz brilló en lo individual, las puertas de toda Segunda División estaban abiertas para él. Podía elegir cualquier destino. Pero eligió A Coruña.

Ese primer paso, sabiendo cuáles son los objetivos del club y que tendría que jugarse el puesto con uno de los ídolos de la casa como David Mella, podía dar ya una pista de que Luismi no sería de los que saltara del barco al primer revés. Que era consciente de que en el fútbol hay dos tipos de brillo. El individual, el de los highlights de domingo, y el colectivo. Ese que te permite trascender, pero que presenta un camino que seguramente lleve aparejado una serie de sacrificios. Sobre todo a corto plazo.

Luismi Cruz, a punto de efectuar un disparo en el partido ante el Sámano
Luismi Cruz, a punto de efectuar un disparo en el partido ante el Sámano
Fernando Fernández

Después de la alfombra roja con la que llegó en verano, el atacante gaditano se está encontrando con su primera cuesta. Suplente en los tres últimos encuentros, la tentación de bajar los brazos, o el rendimiento, estaba ahí. Pero la respuesta de Luismi es la de alguien que asume las consecuencias de sus decisiones. Hidalgo ha recurrido a él como solución desde el banquillo y en todos los encuentros ha aportado algo. En todos ha necesitado apenas un par de intervenciones para demostrar que sabe subirse también a los partidos en marcha. También en la Copa, poniéndose el mono de trabajo en una de esas citas poco estimulantes. Y frente a la Cultural tuvo su premio en forma de cifra. Porque sería de ingenuos pensar que a este tipo de futbolistas, por bien que lo hagan, no se le van a pedir cifras.

El zurdo ha asumido su cola de león de una forma que invita a pensar que la temporada todavía le guarda un hueco. Un lugar bajo los focos más brillantes. Es la gran suerte de Hidalgo y del Deportivo, tener en la misma posición a dos competidores como él y David Mella, que vive ahora surfeando la cresta de la ola que dejó su compañero en el carril izquierdo. Al canterano también le tocó sufrir la subida del nivel de exigencia. Lo pasó mal en verano y arrancó como suplente. Hoy es imprescindible.